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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo X

El tiempo iba pasando y las diferentes condenas apareciendo. Al tener tantas condenas se iban juntando y no se podía pensar en la libertad. Llegó el momento en que ya no le interesaba razonar, la lógica no tenía sentido así que comenzó a pensar en fugarse.
El preso que trabajaba en el taller de forja era un hombre cabal. Le pidió que le hiciera una ganzúa para abrir la cancela que daba a los talleres de la planta superior. Desde allí podría acceder al tejado y saltar al recinto. Es decir: desde el tejado de la parte interna del tejado se podría saltar hasta el tejado de las oficinas del director las cuales se encontraban a una altura mucho mas baja, y desde ahí, llegar a la calle.
Se lo comentó a Juan J. el cual expresó su acuerdo. Las dificultades eran muchas pero con una posibilidad que hubiera era más que suficiente.
-Habían mandado colocar pinchos en puntos estratégicos en los tejados pero luis lo tenía controlado por información de otro recluso que salía por el recinto…

                                                                                                               Por fin consiguió la ganzúa y fue a ver a Juan J. para decirle que esa misma noche lo intentarían. Juan J. le informa que no se fiaba del todo del que le pasaba la información y de la posibilidad de si habían colocado los pinchos. Dijo que desde las celdas de castigo se podría comprobar.
-Pues hay que ingresar en celda de castigo –recalco Luis – No te preocupes yo lo conseguiré –Afirmó
Desobedeció una orden para trasladar unos colchones, y como consecuencia, fue castigado quince días en celda de castigo con todo lo que aquello conllevaba: falta de todo.
Cuando se entraba en celda de castigo no se podía tener nada; ni anillos, ni reloj, ni bolígrafo, ni tan siquiera un libro. Las cartas eran retenidas hasta que saliese y las visitas suspendidas. Se trataba de sufrir, sin más.
La ventana estaba casi pegando al techo, a una altura de unos dos metros.
Saltó poniendo su vida en ello, y se agarró a los barrotes luego se esforzó para subir el cuerpo y ver si los pinchos estaban colocados. Lo que vio fue que acababan de empezar a colocarlos.
El olor era nauseabundo. Olía a heces descompuestas, a orín podrido y a diablos malditos pero no importaba. Los quince días de duración solo quince días y, en ese tiempo los pinchos habían quedado colocados.
La masturbación y el asesinato de chinches eran las únicas formas para matar las horas, y los días.
La ración de comida era menos de la mitad en la celda de castigo, y la colchoneta que por el día había que sacar al exterior después del recuento, he introducirla por la noche, estaba llena de chinches le forzó a dormir sobre el suelo y, a negarse a entrarla por la noche.
Cuando salió le molestaba la luz intensa del día, y el tabaco le sabía mal después de haber pasado medio mes sin fumar. Se le hizo entrega del correo retenido, como era habitual las cartas estaban abiertas y leídas.

                                                                                            Le comunicaron que le trasladaban a la prisión de Valencia. Aquella rutina le había pinchado el alma pero, ya había aprendido a tragar saliva con serenidad. Allá en su tierra, por lo menos estaría cerca de sus familiares, y esta le podría visitar más a menudo.
Pero la tortura psicológica es constante cuando el reo comienza a adaptarse le trasladan de nuevo, esta vez en la prisión de tarragona por cierto bastante mas tranquila donde Luis podía relajarse y jugar al frontón y a las damas.
Uno de sus contrincantes fue precisamente Heinz Ches el cual fue ejecutado a garrote vil el día 2 de marzo de 1974, por la mañana. Ese mismo día también ejecutaban en Barcelona a Salvador Puig Antich, con el beneplácito del dueño y señor de todas las verdades y razones el generalísimo Franco. Justicia no había. Pero razones para odiar, todas.
Aún recuerda Luis el detalle del reo a ser ejecutado. Antes de dirigirse donde le asesinaron, repartió todas sus pertenencias entre los presos.

                                                                                                                    Solo habían pasado unos tres mese cuando de nuevo le trasladaron a la prisión de Alicante y, dos meses después a la prisión de Murcia
                                                                                                                            En aquella cárcel parecían haber “concentrado” a los mayores verdugos. Sacados del mismísimos infierno los espíritus malignos mas hijos de puta… Mucho más sucios y asquerosos que los propios delincuentes más locos y diabólicos. Allí, en el paraíso de Satán, flotaba la necesidad del suicidio aunque, uno hubiera entrado por no haber acudido a misa o, rezado mal el padre nuestro; es decir por casi nada, tal y como se entraba en tiempos del dictador cuando se juzgaba, además de lo terrible, la apariencia del detenido; y eso que el gallego ya estaba cerca de visitar a su Dios para quedarse con él, o así solo debía creer el mismo, y la patria se había lavado la cara pretendiendo dar una imagen para el mundo de país abierto y civilizado donde se respetaban los derechos humanos…¡¡¡No hay nada mas aliviador, y restaurador, además de esperanzador que ver como las putas acuden a la iglesia a lavar la cara de la Virgen y ha vestirla!!!

                                                                                       Allí no hacia falta cometer errores. Los mismos funcionarios, carceleros invitaban al recluso a que los cometiera ¡Había que cometerlos! para que estos, hijos posiblemente de alguna madre buena, pudieran pisarte el cuello una vez en el suelo tras palizas que horrorizaban al propio, Ángel bello.
Colgados a la cintura llevaban guantes para no estropearse las manos cuando pagaban a los presos… Las razones, podrían ser cualquier cosa: mirarles mal, no haber escuchado como el preso debía saludar y llamarle señor Don.
Sobre el suelo habían pintado con tiza una raya hacia el patio o el comedor dejando escaso espacio entre la raya y la pared, si alguien osara pisar la maldita raya sería motivo mas que suficiente para que se lanzaran sobre él y descargaran toda la ira en forma de patadas y puñetazos hasta que el osado cayera al suelo precisamente sobre la raya.
En el patio había que pedir permiso para ir a mear.
Los verdugos carceleros llevaban la camisa abierta y las mangas remangadas.
Pachin, un hombrecillo bonachón, harto ya de tanto abuso solicitó mediante instancia audiencia con el director de la prisión. Necesitaba quejarse, explicarle como abusaban de él sin razón alguna. Decirle, por si no estaba al tanto, que los guardianes maltrataban en exceso a los presos pero, además, sin motivo alguno. - ¿¡No me digas que te han pegado?! –Había exclamado al director mirándole sin expresión definida –Dame el nombre de quienes te han pegado que los voy yo a poner en su sitio –Agregó y tras invitarle a que volviera a su sitio tranquilo, y asegurarle de que nadie le volvería a pegar, Pachin regresó a la celda donde le estaban esperando para propinarle la mayor de las palizas por haberse quejado.

                                                                Por las noches los carceleros se aburrían. La noche se les hacía interminable sin jaleo. Así que ponían en práctica su imaginación.
El caso era divertirse como fuera y, como bebían en el interior del cuadrado de la oficina entre galerías, igual les daba por sacar de la celda a un par de presos para practicar boxeo, u obligarle a fregar la galería. Todas las noches los gritos y los golpes era algo que formaba parte de esa maldita prisión.   

                                             ………………………………………..

Nueva conducción hacia Tarragona. Al tener tantos delitos, a Luis ya le daba todo igual. Para retrasar algo, como podría ser el agregar el efecto de otro delito aunque fuese pequeño se recurría al “embolado” que consistía en hacerse cargo de un delito no cometido. Aquello retrasaría la condena final y, posiblemente la posibilidad de una fuga…

                                                                                            Para hacerse autor de un delito había que exponerlo, así que a Luis se le ocurrió declarar que había forzado la ventana trasera de un garaje de coches a la entrada a Tarragona, y que había robado de todo: radio cassette de coche, etc. etc. Localizaron un negocio que coincidía con lo expuesto por Luis y citaron al dueño de un taller-tienda el cual negó que le hubieran robado. El fiscal lo presionaba pero el dueño del taller insistía en que nunca había sido víctima de un robo, pero que además, aclaró, que en su negocio no existió una ventana trasera, nada coincidía con lo declarado por Luis.
Al final el preso declaró que se lo había inventado todo con el único fin de de evitar permanecer anclado en un penal, que se trataba exclusivamente de un “embolado”. Así y todo, teniendo el juez el testimonio del dueño del taller y, la posibilidad de comprobar que, ni había ventana trasera, amén de la aclaración del preso lo sentenció a 10 años y un día. Condena más alta que, incluso las demostradas como delito real. Recurrió como era natural, al Tribunal Supremo donde desestimaron el recurso alegando que, su abogado, había estado de acuerdo y lo estaba, con el delito cometido, más con la sentencia. Abogado, entre otras cosas, que jamás había tenido cerca, ni visto.
Estas cosas eran una realidad en aquellos tiempos. Nada tenía ni pies ni cabeza. Todo funcionaba en apariencia pero, cuando una escarbaba tan solo salían chorros de mierda aunque… para más vergüenza, si cabe, treinta años después las cosas referentes a la justicia son, más o menos. Con la democracia llegó la realidad de poder enseñar las tetas y el culo en televisión, y poco más.
Aquella realidad, estúpida por otra parte, por parte de Luis, le minó de tal manera que comenzó a sentir y percibir un fuerte desequilibrio nervioso, no solamente por esa condena de diez años y un día que pudo haber sido evitado con una simple inspección, e investigación y, en el peor de los casos castigarle por haber mentido y ¡no! Porque a lo largo de toda la historia delictiva del preso jamás había tenido abogado defensor que diera la talla aunque, en algunos casos, ni tan siquiera había podido ver y conocer al abogado por lo que resultaría imposible de hablar de “juicio justo”, ni de imparcialidad, ni de ética profesional… ¡ni tan siquiera poder pronunciar la palabra, justicia!...¡¡Ay, si!! ¡¡España, es mucho más España, en fiestas…!! O tal vez sentir que… ¡¡España, es mucho más España, en verano…!! O quizás…¡¡España, es mucho más España, cuando se piensa en la envidia, en los celos, en la mediocridad disfrazada de grandeza, en la apariencia, en vestir trajes y corbata para disfrazar lo oscuro y raro, en protestar solamente frente a una barra del bar bebiéndose una cerveza, en los cojones nacionales, en imitar todo lo extranjero, en presumir de amigo y de bueno, en rezar cuando se tiene miedo, es buscarse siempre un culpable para esconder sus culpas, en ser macho, en presumir de estar jodiendo a la esposa de alguien mientras alguien sin saberlo esta follando a su esposa, en ir a misa para disimular, en hacer siempre las cosas a medias, en tanto mientras cobro, en fingir y en hipocresía… ¡en clamar a Cristo pero cuando mejoren sus cosas meterlo en un asilo o en un hospicio! …¡¡Ay, si!! ¡¡España, es mucho más España, cuando uno está bebido!! O… ¡¡¡Cuando se está, en los toros!!!

                                                            En cada prisión había que amoldarse a la forma de ser de los guardianes, tan variadas como sus mediocridades. La esperanza de los presos siempre estaba en llegar a una prisión donde los carceleros, fueran buena gente. Donde solo hubiese que pagar la pena impuesta privado de libertad sin extras macabros pero, uno recorría todas las cárceles del país, y esa, con escasa realidad.
Había que hacerse psicólogo estudiando sobre la marcha, no solo para evadirse de los presos locos, la carne de cárcel o de cañón sino, de las múltiples locuras de los carceleros amén de sus vicios, complejos o resentimientos. Uno siempre estaba solo frente al peligro…

                                                                                   Ingresó un interno francés, deseaba hacerse amigo de Luis, solo porque éste hablaba francés nativo. Le animaba diciéndole que iba a fugarse, le preguntó si quería participar con él. Para ello contaba con la ayuda de su hermano quien desde el exterior lanzaría, a determinada hora, una pistola por encima del muro que daba al patio –Pero no se lo digas a nadie ¿he? –le había advertido cuando todos estaban al tanto de las intenciones del francés que desesperaba día a día.
Por lo visto llegó su hermano y lo detuvieron nada más llegar a la estación, alguien se había ido de la lengua. Irritado por lo ocurrido, le propuso a Luis de secuestrar el domingo a la hora de la misa al cura y a toda la plantilla apoderándose con cuchillos de la cocina. Luis que ya se estaba acostumbrando a la mentalidad franquista del país le advirtió que estaba en España y que aunque secuestrara a toda la plantilla no abrirían la puerta desde el exterior, por lo que se negó en rotundo. Acertó con la decisión porque se llevó a cabo y, como había dicho no abrieron la puerta inclusive hiriendo al jefe de servicio con un cuchillo en el cuello.
Cuando los Geos consiguieron entrar, los redujeron y, ingresaron en celda de castigo, al ser una prisión pequeña todo se oía, diariamente a cada cambio de plantilla se escuchaban los gritos de dolor de las palizas que les daban día a día.
Curiosamente, se trataba de una plantilla en general buena que no merecían lo que les ocurrió. El jefe de servicio, demostró un buen grado de humanidad al prohibir rotundamente que pegaran en su guardia a los culpables…

                                                                                                              Nueva conducción hacía Valencia. Allí a esperar los últimos juicios para, al fin, poder ser destinado a un penal y, o poder ser, al fin, quedar allí hasta el día de la libertad

                         
Conducción de Tarragona a Valencia el 31 de enero 1973. De vuelta a Valencia esperando los últimos juicios para ser destinado a un penal.
(Desgraciadamente muchos compañeros que pasaron por esa fase tan denigrante y cuya amistad nos unió en tan desagradable circunstancias, con el transcurso de los años han fallecido… Otros aún están presentes como es el caso de Rafael Pla López, nunca volví a comentar con él el siguiente relato, me limité a mandarle un correo electrónico al cual me respondió y que quiero adjuntar aquí porque es la visión de un amigo que aunque el tiempo nos ha alejado, siempre ha estado presente en mi pensamiento.

>Me gustaría que me hicieras
>una descripción de los meses que estuvimos juntos y todo cuanto paso
>referente a la misa.

Hace 34 años.
Te lo puedo describir en detalle desde mi perspectiva:

Todo empezó un día "festivo" que asistí a la "lectura" que imponían como alternativa a la misa y me hicieron salir a leer. Era un texto sobre las aventuras del Cid, y al leerlo con entonación según la narrativa (a diferencia del tono monocorde que solía utilizar quién leía habitualmente), el conjunto de los presos me insistieron en que a partir de ese día leyera yo siempre.

Entonces el colectivo de presos políticos y "politizados" hablamos de la posibilidad de darle la vuelta a la lectura y convertirla en una actividad cultural. Con un ejemplar de las obras de Sartre que aportó tu hermano, preparamos una lectura de teatro colectiva de una obra cortita, que ensayamos previamente. La gente se quedó muy contenta, pero entonces dicen que el cura protestó porqué se quedaba sin público en la misa, y nos dijeron que no se podía hacer una lectura colectiva, y que solamente podía leer una persona un texto previamente autorizado.

Presentamos una serie de libros, y nos autorizaron, entre otras, las obras de Shakespeare. Escogimos "La fierecilla domada", y la preparé, con la ayuda de los compañeros, para leerla haciendo una voz diferente para cada personaje.

El siguiente domingo empecé la lectura, y la gente empezó a reírse ante la multiplicidad de voces. Dije que no se rieran porqué me interrumpirían, y todo el mundo estuvo aguantando forzosamente la risa durante unos minutos, bajo la mirada suspicaz del funcionario.
Finalmente el funcionario me interrumpió y me dio otro texto para leer.
Yo me negué y senté en los bancos. Entonces el funcionario estuvo llamando a presos para que leyeron, pero todo el mundo se negó con una u otra excusa, como que no sabían leer, etc. El resto del tiempo transcurrió en silencio con una fuerte tensión en el ambiente.

Para el próximo domingo ya habían buscado un "pipa" que iba habitualmente a misa y al que le dieron el destino de hacer la lectura.
La lectura se hacía entonces en una situación de tensión, en la cual a espaldas del funcionario (que iba andando por el pasillo) los presos increpaban al lector.

En estas circunstancias ocurrió que, a la salida de la lectura, tú te enfrentaste con el "pipa" lector, que recibió un puñetazo. Te cogieron y te llevaron a una celda de castigo. Entonces los presos políticos fuimos a declarar que le habías pegado porque te había mentado a la madre, y el resultado fue que castigaron también al "pipa".

En un momento determinado (no tengo claro si esto pasó antes o después) cogieron a un preso político que estaba leyendo un libro a escondidas durante la lectura, cosa que estaba estrictamente prohibida, y lo castigaron ("chaparon") sin patio. La gran mayoría de los demás presos políticos nos solidarizamos con él "chapándonos" nosotros mismos y negándonos a salir al patio, con lo cual nos castigaron también.

La lectura obligatoria continuó durante alguna sesión más, con nosotros encerrados, y en una situación de tensión creciente en que el "lector"
era sistemáticamente abucheado por la mayoría de los presos que asistían.

Finalmente, la dirección de la prisión, ante una situación que estaba haciéndose incontrolable, suprimió la lectura obligatoria durante la misa, ordenando que quien no quisiera ir a misa permaneciera durante la misma en su celda.

Esto lo recibimos como una victoria: no habíamos conseguido transformarla en una actividad cultural, pero habíamos puesto fin a la sesión de tortura psicológica que representaba escuchar durante media hora y pico la voz monocorde de un lector que no sentía lo que leía.

De alguna manera, también pusimos en evidencia la falta de sentido de un sistema para el que la cultura en sí misma parecía peligrosa.

Incidentalmente, durante el período de reflexión y estudio mientras estábamos castigados, llegué a la conclusión de que la religión era incompatible con la ciencia (en particular, con la cibernética), y la abandoné (recordarás que antes era "creyente" e iba sistemáticamente a misa cada domingo).

 

Espero que aquellos recuerdos extraídos de mi memoria te ayuden a la redacción de las tuyas.

Un abrazo de
Rafael Pla López

Agradezco tu relato, es cierto, que has estimulado mi memoria, y puedo asegurarte que el castigo que le infringieron a un preso político por leer su propio libro, fue anterior, también tú estabas leyendo un libro y el funcionario te lo hizo cerrar, creo que era el libro de cibernética, es cierto todo lo que cuentas el ambiente iba caldeándose, y el primer día que el “pipas” como le llamas tú, empezó a leer y a la salida de la sala lo abordé y le dije que su postura no era la más correcta, y que se estaba comportando como un auténtico pelota, el me respondió que lo único que le importaba era su propio interés a la que le respondí que si el próximo domingo volvía a leer “me lió a ostias contigo” puedes estar seguro de ello, no obstante, por lo visto no me tomó en serio, llegado el domingo siguiente, yo me puse cerca de él para avisarle de lo que arriesgaba, fue al funcionario y se chivó, este permaneció a su lado con más insistencia de lo normal, inclusive a la salida iba acompañado del funcionario, lo que no le libró de mi agresión, allí mismo cuando me presenté ante el jefe de servicio le dije: cualquier persona hubiese hecho lo mismo ya que fue él al pasar a mi lado quién me provocó diciéndome hijo de puta, por lo cual le agredí, inclusive convencí al jefe de servicio que me respondió yo hubiese hecho lo mismo, y fue cuando dijo que él también debía ir a celda, acompañarme conmigo a celda fue para mi una gran satisfacción y de alguna manera un batalla ganada a un pelota, Bien es cierto que todo ello se consiguió gracias al apoyo recibido por parte de los presos políticos que corroboraron mi teoría y tensaron la situación al máximo, realizando posteriormente el encierro voluntario, vino el director a hablar conmigo en la celda de castigo, transcurrido no recuerdo el tiempo, me preguntó si teníamos alguna solución mejor, yo le respondí que lo mejor sería que cada cual fuera por su propia voluntad a misa y me interrumpió diciendo ¡Claro todos en el patio! ¿Y quien ira a misa? Entonces el director dijo, ¡estoy hasta los cojones de todo esto! (Te acordarás que el director de la prisión era Don Luis, era una de sus expresiones más utilizadas) os quedareís chapados en vuestras celdas el tiempo que dure la misa, yo le contesté que bien. Fue al salir de celdas que todo llegó a buen puerto... por lo menos no estábamos aguantando la mala lectura sin poder hablar ni moverse, y en nuestras celdas podíamos leer o almorzar.)

   

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