El mundo secretos de las lágrimas
Capitulo XIII
La emoción podía más que él. Se puso pantalón acampanado, zapatos de plataforma. Saldría con el pelo largo y bigote, porque en los últimos tiempos donde se confundían las libertades con la enfermedad y posterior muerte del dictador se hacían la vista gorda aunque solo fuera para algunas cosas.
Y, por fin llegó el día. Era como un sueño que se hacía realidad. Si le llegan a pinchar no habría sangrado por la ansiedad. Cuando caminaba hacia la salida sentía que los zapatos no tocaban el suelo
A la salida le esperaba su hermano y un amigo de este apodado el Llargo. A la madre la había engañado respecto al día de salida con la ilusión, un tanto infantil, de darle una inmensa sorpresa.
El bullicio de la calle le sobresaltaba hasta el punto de que tenía que esforzarse para que no se le notara. Los coches le asustaban y tenía la impresión cuando caminaba hacia una cafetería que la gente sabía de su salida y de donde salía y le miraban suspicaces.
Tomó una copa en la cafetería en compañía de su hermano y su amigo que le supo a gloria aunque percibió el efecto de inmediato después de tanto tiempo.
Cuando llegó al bar de sus padres temblaba de ansiedad, y más cuando les abrazó con la fuerza de todo su ser. Curiosamente allí estaba Merche. Se miraron sonrientes como si después de haberla conocido tras las rejas, y solo por un momento, hubiese nacido algo. Se abrazaron, ella con mucha ilusión.
La propuso ir al cine y ella aceptó ilusionada. Allí Luis intentó conquistarla. Ella al principio se resistía pero acabó colaborando ensimismada. Y cuando le propuso estar juntos en algún sitio tranquilo ella colaboró ilusionada.
Consiguió las llaves de un local que tenía un amigo de su hermano y allí se amaron mientras los rayos de las estrellas se entrelazaban haciendo dibujos sobre el cuenco del cielo que espiaba satisfecho y feliz.
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Luis sentía que le costaba adaptarse al mundo libre. En la calle le abrumaba el ruido y en casa sentía el agobio del interior de la cárcel, hasta llegaba a sentir el sordo ruido del hierro contra el hierro cuando chapaban, cuando le encerraban hasta el día siguiente.
No había pasado ni una semana desde la consecución de su libertad cuando sentado en una cafetería en compañía de Merche le abordó la policía -¿Es usted Luis García Tamarit? –preguntaron sobresaltándole
-Si –respondió preocupado
-Queda usted detenido –informó el policía
-Pero…No es posible –musito Luis –Tiene que haber un error
-Ningún error –le interrumpieron mientras le colocaban las esposas para conducirle a la jefatura superior de policía. Merche quiso acompañarle pero la policía se lo impidió tajante.
Frente al comisario, Luis insistió en que tenía que ser un error ya que acababa de salir de la cárcel, y que no había cometido delito alguno.
-No es por eso – informó el jefe del primer grupo antiatracos –Estás detenido por prófugo.
-¡Prófugo! –Exclamó Luis -¿Qué es, prófugo? – añadió perplejo
-No te has presentado a cumplir con el servicio militar.
-Pero bueno…Nadie me informó de nada –Balbucea –Yo…no vivía en España, crecí en Francia.
-Pues es por esa razón por la que estás en busca y captura –Aclara con frialdad.
No hubo más dialogo. Le metieron en el calabozo durante dos días para luego dejarle libre informándole que tenía que presentarse en el centro militar, donde lo citaron para enero de 1977.
Fue destinado en Alcalá de Henares y, allí sintió que estaba de nuevo en la cárcel. Le cortaron de nuevo el pelo casi al cero y le metieron en un dormitorio que le recordaba donde había estado.
Esta vez quienes gritaban e insultaban eran militares, tanto o más que los carceleros. La disciplina y obligaciones superaban, o así se lo parecía, a los de las cárceles, y todo le hacía sumirse en la tristeza que se volvía a instalar en su vida, reviviendo de alguna manera la sensación de los lugares donde acababa de salir no hacía mucho.
Pensó en huir, una pared con garitas igual que la cárcel, Estada decidido –Tengo que fugarme de aquí –Se decía para si mismo.
-¡Arriba gandules! –Grito el cabo tras hacer diana -¡Poneros de pie! ¡Ya! Todos formaron frente a las literas luego el cabo fue señalando a unos y a otros según le parecía a quienes deberían hacer una u otra cosa.
-Tu, y tu… y tu –Señalo a Luis – A limpiar este módulo, y la entrada –ordenó.
Pero cuando percibió el gesto de contrariedad en la cara de Luis le preguntó con sequedad –A ti ¿Qué te pasa?
-Nada. No estoy de acuerdo con más esclavitud –informó decidido-
-¡Ah, no! – Exclamó el cabo –Acompáñeme – volvió a ordenar para conducirle al despacho del capitán.
-¿Cuál es su problema? –preguntó el capitán.
-Yo no tengo problemas si no me los regalan – respondió perturbado, fuera de sí –No puedo más con tanto abusos… Si alguien a mi me trata como allí… Como… ¡Bueno! ¡Que si alguien me llama hijo de puta le mato! –agregó perdiendo el control que el capitán captó de inmediato.
-¡Basta, esta bien! Vaya a presentarse al capitán médico para su reconocimiento, después preséntese de nuevo al cabo ¿De acuerdo? ¡Venga! ¡Ya! –Y Luis obedeció perplejo, algo no le cuadraba en alguna parte de su cerebro.
Los reclutas esperaban en fila india. Uno a uno, observaba Luis desde la distancia, les inyectaban en el brazo. Cuando llegó su turno una especie de pánico y desesperación se reflejó en su rostro - ¡No me pinches! –Exclamó nervioso pero no se le hizo caso y cuando le pinchó con la otra mano le cogió por la garganta apretándole con fuerza. Pronto los militares se le abalanzaron sobre el decididos a reducirle pero Luis se defendía como un loco a patadas y a puñetazos.
-¡Que ocurre aquí –Gritó el capitán médico – Deténgase. Tranquilícese –ordenó
-¡Que no me pinchen! –Advirtió Luis
-Esta bien tranquilícese – Musita el capitán médico sin dejar de mirarle -¿Ha estado usted en la cárcel?
-¡Si! –Respondió tembloroso -¿¡Porque!?
El profesional medico no respondió, aunque le había parecido a Luis que algo le había cambiado en la cara, como si fuese dosis de comprensión y lástima.
Le condujeron al hospital militar Gómez Hulla. Le instalaron en un dormitorio con varias camas. Se metió en la cama porque se sentía agotado y harto como si huyese de todo.
Todos le miraron sin decir nada y continuaron con sus charlas, riéndose animadamente lo cual molestó al perturbado Luis, que sacó una navaja que guardaba en su bolsa y se levantó mirándoles con la navaja en la mano –Si no os calláis, os corto el cuello – advirtió haciéndoles sospechar que no estaba en sus cabales. Así que para evitar todos se callaron.
Por la mañana fue conducido a psiquiatría. Tras ser observado el psiquiatra le dijo –Te enviaré a casa pero, los días, pocos, que tendrás que estar aquí no me causes problema alguno ¿De acuerdo?
-De acuerdo –respondió sumiso –Yo no me meto con nadie si no se meten conmigo – Aclaró
En la parte trasera del edificio estaban con reformas. El despiste era tal que Luis después de desayunar salía y paseaba por la capital. Nadie se enteraba. Allí la gente no parecía controlada lo cual relajaba a Luis.
A los cinco días se le entregaba la cartilla militar y se le enviaba de vuelta a casa.
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Regresó a Valencia con sus pantalones vaqueros, camisa a rayas y, una mochila colgada del alma llena de suspiros, de desengaños y de frustraciones regaladas por el mundo, por todos.
¿Quién conoce la verdad del mundo secreto de las lágrimas? Esas lágrimas silenciosas que surcan las mejillas como lava ardiente de un volcán feroz en el centro del pecho que en cada rugido silencioso palidece hasta el más fuerte ¿Quién conoce, de verdad, la agonía que llega silenciosa a la vida rota ya por tantos y tantos sin que nadie jamás, de verdad, tienda la mano para regalar una caricia oportuna y restauradora? ¿Quién de verdad, puede hablar de conciencia cuando frente a todos los dioses que adoran solo fingen estrechar tu mano temblorosa por todos los miedos de todos los diablos amigos?
Hasta el más macho de los machos llora sobre la almohada cuando la mentira se hace reina absoluta del mundo compartido ¡Hasta el mismísimo diablo debe de llorar la obra engañosa del dios “bueno” capaz de crear un mundo tan bárbaro en el que solo existen peligros y alimañas que lo devoran todo! ¿Dónde está la obra real de dios perfecto y, donde su parecido…? ¿Dónde la esperanza y la oportunidad de salvación cuando la realidad, si se quiere mirar de frente es más la del diablo que no de dios alguno…? ¡Si dios nos creó a todos a su imagen y semejanza…! ¿Qué clase de macarra es él?
En toda la historia de la humanidad jamás se habló tanto de amor como en los últimos tiempos y, es ahora, en estos tiempos cuanto menos amor de verdad existe.
Nadie ama a nadie, es mentira. Todo es una farsa, una imitación, de la mismísima imitación. Y, menos en este país de farsantes, de inútiles; de gente aparente que no tiene ni idea de la labor bien hecha. Todo es, un suspiro en el aire, basado en una eterna promesa que jamás se cumple ¡Nadie siente de verdad el dolor, ni la necesidad ajena! ¡Detrás de cada intento, de cada sonrisa y promesa de amor, de amistad o de ayuda se esconde el cálculo del que lo promete para sus propios beneficios! ¡¡Si hubiera, si existiera de verdad un buen Dios, con poder, de verdad, y con bondad, de verdad…Vendría ya y sin perder un minuto prendería fuego a este planeta, con todo cuanto vive en el!!
Si, regresaba Luis a Valencia tiñendo su alma de gris pensando, sin poder evitarlo, cuanto hasta el momento le había ocurrido y, siempre el nombre de Valencia estaba fosforescente en su cerebro. En Valencia de sus amores comenzaba todo, y todo parecía acabar para volver a comenzar una y otra vez.
-Tengo que tranquilizarme –Se decía a si mismo en silencio –Tengo que recuperar la esencia del principio de todos mis tiempos cuando aún no sabía de suciedades –Se repetía sin pronunciar palabra -¡Pero el mundo me dejará! ¡¿Podré sentir alguna vez la mano derecha de Dios sobre mi hombro o…la causa efecto de la tan cacareada bondad del ser humano restaurando mi vida?! Concluyo suspirando.
Sus padres habían conseguido un chalet con parcela donde habían construido una perrera donde criaban pastores alemanes y dobermans.
Guiado por la ausencia de sensaciones de paz real se juntó con el Llargo y habían robado un buen coche del interior de un garaje que tenía las llaves puestas, lo habían escondido en el chalet. También habían adquirido armas que escondieron en el interior de la caseta de un perro ¡El mundo parecía haber hablado de nuevo, y de nuevo se veía caminando por ese sendero prohibido!
En una trampilla bajo el piso de madera escondían las armas y varias placas de matrícula para sustituir las del coche.
Había salido Cornejo de la cárcel y había quedado en el bar. Cornejo les había razonado que donde más dinero fácil había era en los hoteles. Este era el clásico listillo: hablaba varios idiomas y había trabajado de recepcionista en diferentes hoteles.
Su plan era atracar algún hotel en Madrid así que preparan el coche robado y salieron para la capital del reino. Antes de salir habrían camuflado en el coche las armas, pasamontañas, guantes y cuanto consideraron pertinente.
Luis no se sentía cómodo consigo mismo ya que no conocía la ciudad y, en caso de que la huida fuera inevitable temía tener complicaciones. Así y todo se mentalizó en mantener la línea sobre su decisión.
Conducía el Llargo quien aparcó muy cerca de la entrada del hotel Villa Magna. Desde el interior del coche observaban examinadores mientras preparaban los guantes y los pasamontañas. El silencio llenaba el coche. Ellos se comunicaban con la mirada. Cornejo fumaba con ansiedad consumiendo la colilla. Bajó levemente el cristal de la ventanilla para tirar la colilla cuando. Mientras Luis preparado se disponía a bajar del coche, y vio que un hombre les estaba observando, volvió a entrar en el vehículo diciendo – ¿Que hacemos con éste? – señalando con el dedo al intruso, que se fue como alma que lleva el diablo
-¡Da igual! exclamó el Cornejo
-Puede que vaya a avisar a la policía –musito con preocupación el Llargo
-Yo opino lo mismo, creo que estamos perdiendo el tiempo, este tío puede que vaya avisar a la policía y, al salir nos bloqueen el paso, para atracar éste hotel es mejor que hagamos el hotel Rey Don Jaime de Valencia, por lo menos conocemos bien la zona en caso de salida –Explicó Luis
-Yo también opino lo mismo- Puntualizó el Llargo
-¡¡Vamonos!! Podemos hacer el hotel Rey Don Jaime para fallas que las cajas estarán llenas -Dijo el Cornejo
Tras discutir desilusionados deciden volver a Valencia…
Cuando llegaron a Valencia ya era de día. Pararon frente a una cafetería y desayunaron un café con leche y dos porras cada uno. La desilusión estaba reflejada en la cara de los tres Ángeles caídos.
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Vivimos en la dualidad, en los extremos de cualquier cosa, pero en el centro, hay un camino entre el blanco y el negro que jamás se transita, una sucesión ilimitada de puntos intermedios y de matices que no ha captado aún la conciencia, millones de oportunidades que nunca se hicieron experiencia, extremos. Y siempre se identifica el uno con lo “bueno”, resultando el otro su contrario. Pero, no se descubre así la verdad que subyace entre ambos.
Blanco y negro, bueno y malo, espíritu y materia