El mundo secretos de las lágrimas
Capitulo XIV
Tan pronto tenía y le sobraba dinero a Luis, como no tenía un céntimo y planeaba un robo para conseguir algo. Ese día, decidió aparcar todas las dificultades para casarse con Merche sin importarle otra cosa que no fuera su unión con aquella joven que aún no había cumplido los veintiún años y, que por lo tanto aún era menor de edad; lo demás podía esperar…¡Hasta Dios con sus leyes, y el cielo podía esperar! Había razonado. Sin embargo Luis no necesitaba ropa especial, ni para él, ni para ella para ese día. Le bastaba y le sobraba con llevar su corazón puesto y cogerla de la mano. Ella curiosamente pensaba igual, solo él, tan solo su realidad como persona le importaba.
Como era ella menor de edad tuvieron que conseguir permiso paterno para el enlace y, aunque los padres de ella no parecían muy conformes con que se casaran accedieron.
No quiso Luis invitar, ni avisar a nadie. Por alguna razón prefería la soledad más absoluta para ese acontecimiento. De lo único que no podía prescindir era de los testigos, pero que tampoco quería que fueran nada de cuanto conocía. Necesitaba que fuera sencillo y original, y sobre todo natural como la mismísima vida que no siempre viste los colores del arco iris ni se nutre de las energías más exquisitas y, no por eso deja de ser vida, aunque sea, cruel y perra. Tampoco deseaba planear, pensar demasiado al respecto porque de alguna forma prefería un acto tan espontáneo y natural como cuando pasa a recogerla, sin plan alguno, y sobre la marcha deciden que hacer y a donde ir.
Su perra preferida, un doberman que le había conquistado por su nobleza y cariño estaba en celo y no la podía dejar sola porque esperaba cruzarla con un macho muy especial. Así que sin pensarlo dos veces la metió en la parte trasera del coche cuando iba a recoger a Merche.
Para evitar insatisfacciones abrió las ventanillas al completo porque la perra cuando ladraba se le escapaban pedos que olían muy mal.
Vestía Luis pantalón vaquero roto por las rodillas y un pulóver con dibujos sueltos sobre la cadera. Ella pantalón negro y blusa clara sujeta a la cintura bajo el cinturón.
Cuando llegaron a la iglesia se dieron cuenta que no habían pensado en los testigos así que con toda naturalidad Luis paró a los transeúntes hasta que consiguió los testigos.
Cuando entraron en la iglesia el cura les preguntó a ellos mismos por los novios y, cuando Luis dijo que eran ellos mismos el cura suspiró sin dar crédito a lo que veía.
No obstante no dijo nada tal vez para acabar antes con aquella especie de teatro mal interpretado a juzgar por el gesto que se reflejo en toda su cara.
Firmaron los documentos pertinentes y, cuando hubo que pagar el libro de familia, Luis tuvo que pedir a los presentes algo porque no tenía suficiente.
Al salir ya como marido y mujer, fueron al bar de la madre del recién marido a festejarlo con ellos tomando una copa. Luego explicó a su madre que se irían al chalet, con los perros, para pasar la luna de miel durante tres días, para que nadie se acercara por allí.
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¿Qué tiene la sonrisa que la convierte en la varita mágica de las relaciones humanas? Pero antes de proseguir, aclararé que implica y lo que es la relación “Relacionarse” es poner en comunicación con otra persona el contenido psicológico de las propias actitudes. Según los sabios orientales, y a tenor también de lo que en el terreno científico se está descubriendo con la cámara Kirlian y su aplicación al estudio de los campos bio-energéticos del cuerpo humano, las diferentes actitudes mentales y emocionales, en el fondo son corrientes de energía electromagnético que brotan de ciertos puntos locales de la cabeza, el pecho y el abdomen, expresándose estas energías en una constante circulación por todo el organismo y su aura psíquica.
-Se ha muerto la vida, amor de ayer…Y
hasta la muerte ha muerto.
¡Se ha muerto la vida, amor, con tu partida
y, la muerte con mis ganas de ti; por eso
no vivo ni… muero!
-Cuanto tenía en la buhardilla |
-Mi vida lleva la muerte tatuada en la esperanza. |
-Me sorprende, que me sorprenda que,
fuiste la piedra silvando
en el aire,
y el golpe rompiendo mi frente…
¡Ay, si. Me sorprende, que me sorprenda!