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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo XVII

De vuelta a Valencia con el cuidado pertinente se vio obligado a pasear por la playa a la caza de los despistados. Aquellos que abandonan sus pertenencias para ir a nadar. Todo le venía bien. El dinero, por supuesto, pero también la documentación que el falsificaría para usarla en su siguiente plan.

                                                 Llegó el bueno Carballo tal y como le había prometido.
Tenía mucho interés en presentarle unos amigos de Puig Antich, uno de los últimos condenados a muerte durante el franquismo.

                                                                  Paseábamos cerca del mar. Luis vestía pantalón vaquero y camisa a rayas azules. Fernando arrastraba su cuerpo cansado sobre unas sandalias sin calcetines con las que se sentía muy cómodo. Estaba muy ilusionado con la idea de ayudar a Luis a cruzar la frontera hacía Francia, trayectoria que el había hecho otras veces cuando España estaba aún… peor. Algunos amigos suyos anarquistas esperaban al otro lado dispuesto a ayudar en lo que fuera.
Un hermano de Luis les acercó a un pueblo cercano a la frontera. Todo estaba muy resuelto y había que tener mucho cuidado.
Carballo tenía mucha prisa sufría de ansiedad y no paraba de moverse nervioso -¡Hay que darse prisa! Tenemos que estar en Francia en dos horas –repetía.

                                                                El Sol lamía los picos de los Pirineos y el fresquito de la zona acariciaba los sentimientos.
A cierta distancia del pueblo Fernando se dirigió a un pastor que merodeaba por allí
-¿Cuál es el sendero más seguro para llegar a Francia?
-Nunca se sabe –respondió comprensivo –Anden todo resto hacia esta dirección. Mire, sigan por ahí hasta le Pont du Roi. Creo que es lo más seguro.
-Gracias, amigo –respondió Fernando.

                                                             La suave brisa jugaba con las hojas de los árboles caprichosos. Se alegraba el alma entre aquella naturaleza exuberante. Aquel lugar brindaba paz y sosiego.
Anduvieron y anduvieron y la fatiga se reflejaba en los ojos de Fernando que, además ya no se acordaba de los caminos recorridos treinta años atrás. De todas formas Luis se sentía libre en aquellas montañas y hasta seguro.
Como suele ocurrir en la zona norte, y más a cierta altura comenzó a nublarse el día y al rato comenzó a llover.
Fernando sintió que se habían perdido. Intentaban localizar el camino pero la noche les abrazaba como la novia miedosa y no tenían muy claro como seguir.
-Creo que nos hemos perdido –susurró Fernando –De todas formas no tenemos más remedio que seguir –agregó
-¡Claro, hombre! –Animó Luis.
Cuanto más avanzaban más preocupación. Habían entrado en una zona llena de precipicios. Un resbalón y podría resultar fatal.
-Si encontraramos una cueva –musitaba Fernando.
Había enfriado bastante el tiempo. Luis sacó una cazadora de piel de la bolsa para dársela a Fernando y Luis se puso un suéter.
Cuanto mas pasaba el tiempo más frío hacía. Tanto, para ellos, que se encogieron temerosos.
-¡Qué barbaridad! ¡No vamos a salir de esta! –Maldecía Fernando.
-¡Claro que si, hombre, mañana estaremos en Francia! –Animaba Luis.

                                                               La incomodidad de Luis crecía sintiéndose culpable de la situación que vivía Fernando. El no sentía que pudieran morir porque más bien sentía lo contrario que la muerte no estaba interesada en él, por eso había sobrevivido. Pero Fernando tenía cierta edad y su salud no estaba muy allá. Sin embargo había sido él quien pensara en el viaje –Creía Luis que para revivir aventuras de mozo.
La noche les sorprendió de repente, no podían seguir, se vieron atrapados, llovía con ganas.
-No podemos seguir Luis podemos dar un pie en falso y caer en un precipicio, debemos de quedarnos aquí, la noche es demasiado oscura, aunque no se si lo resistiremos. -Explicó Fernando con voz temblorosa y preocupante
El lugar estaba inclinado se tumbaron bajo la lluvia y colocaron los pies contra un arbusto que les servía para no deslizarse hacía abajo.
-Cógete a mi Fernando tendremos menos frío – susurró Luis
-Creo que no vamos a salir de ésta Luis – balbuceó Fernando
Ambos estaban en una situación grave de hipotermia, la noche se hizo eterna.
Empezó a salir el dador de vida con sus primeros rayos solares, Fernando a duras penas podía hablar
-Luis estamos vivos –musito con voz entrecortada
Luis no podía contestarle, le tiritaban los dientes como castañuelas,
Por fin, con un gran esfuerzo se pusieron en pie he intentaron andar, es como que tenían que volver a aprender a dar los primeros pasos. Pero poco a poco la maquinaria se puso a funcionar y ayudados por los rayos vivificantes del Dios Solar pudieron coger el ritmo normal, y siguieron buscando alguna señal, hasta que por fin a lo lejos y muy bajo pasaba un río y un poco más lejos Le Pont du Roi
-¡¡Estamos salvados Luis!! ¡¡Estamos en Francia, eso es le Pont du Roi!!
La bajada no fue fácil pero lo consiguieron…

                                                                  Una vez en la carretera se dirigieron hacía el puesto fronterizo francés, Fernando iba delante y Luis unos metros detrás, parecía que la euforia de la victoria le había vuelto más ligero
-¡Venga Luis aquí está el puesto fronterizo, estamos a salvo! Exclamó Fernando emocionado
Luis vio una montañita cercana, y le sugirió a Fernando de dar la vuelta por detrás. Luis captaba como un mal presentimiento mientras que Fernando estaba radiante de alegría
Los años habían pasado España se instalaba en una democracia y los tiempo de Franco quedaban atrás y, por lo visto, Fernando pensaba que aún eran aquellos años por la euforia que desprendía de poder ayudarme
-Vamos a presentarse en el puesto fronterizo, date prisa –decía Fernando alegremente
Luis le seguía contrariado… Al llegar a la altura de los Gendarmes un inspector les preguntó donde iban, y Luis le contestó en acento francés a Toulouse
Bien, sigan –Dijo el inspector.

                                                                         Cuando la felicidad parecía completa uno de los gendarme le dijo al inspector – No ves que han pasado la noche en la montaña y aquella nota consiguió que cambiara de idea y tras preguntarles de forma interrogativa decidieron entregarles a la policía española, de nada le sirvió a Fernando pedir asilo político.
Una vez en mano de la policía española sospecharon que la documentación era falsa. A Fernando le dejaron en libertad y a Luis lo trasladaron a la prisión de Lérida  Ya que estaba en busca y captura.
Ingresó. Aún la ropa de la mochila estaba mojada así que cuando le metieron en la celda, la sacó y la tendió sobre los hierros del camastro.
Mucho se temía Luis que iba a tener para largo ya que sospechaba que, con todo lo que tenía a cuesta la condena iba a ser larga. Apenas terminaba de colocar la ropa cuando se abrió la puerta de la celda y el funcionario le dijo –Venga usted conmigo. Queda en libertad-
El preso no daba crédito a lo que oía. Aquello debía de ser un error porque no podía pensar que fuera una broma –Pero… Esta usted seguro –preguntó confuso
-Parece ser que el juez cambió de idea –dijo el número
Nada parecía tener sentido, pero su vida no había tenido sentido desde que podía pensar -Seguro que este idiota, va hacer que recoja toda la ropa y luego tendré que volverla a tender  –Dijo entre dientes mientras recogía la ropa mojada para guardarla en la bolsa.
Una vez todo preparado siguió al funcionario a través de los pasillos. Al llegar a la primera cancela se detuvieron frente a la oficina –Es este quien se va –preguntó el funcionario, a lo que su compañero respondió -si.
El funcionario miraba unos papeles mientras Luis palidecía temiendo que digieran que era un error.
-Firme aquí –Demandó el funcionario y le devolvía el dinero y sus pertenencias requisadas a la entrada.
El funcionario le acompañó hasta la última puerta
-Puede irse –Dijo el carcelero y Luis colocó la bolsa al hombro y comenzó a caminar, mientras la puerta volvía a cerrarse a sus espaldas.
No lo entendía como le dejaban en libertad teniendo pendiente el caso de Palma de Mallorca, y algo más que aún andaba por ahí.
Fue tal la sensación que sintió el libertado que se puso a correr como un loco, girándose de cuando en cuando por si acaso se habían dado cuenta del error y lo seguían

   

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