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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo XXI

La suerte solo es una palabra en boca de todos, sin que nadie conozca su realidad. Al igual que los celos son hermanos del amor, el hablar por no estar callado es la realidad de esta España tan dividida como el cadáver después de la autopsia.
El que huye para no pelear, vivirá para volver a huir, o pelear otro día. De todas formas y en el peor de los casos, la muerte es el impuesto que se paga para vivir. A fin de cuentas la única persona con la que se pasa toda la vida, es uno mismo. ¡Porque usamos la cabeza tenemos ideas! Aunque algunos preguntaran, ¿Qué fue primero, la cabeza, o las ideas? El que reza, y peca, empata… La muerte es un insulto enfadado de Dios, como la estupidez es el fracaso de la inteligencia… ¡Ah!, ¡Ese viaje largísimo y complicado empieza siempre, queriendo realizarlo y llegar!

                                                                                    La vida, es un libro y quien no lo lee, solo conocerá la portada. Cierto es que el que ama, lleva un Dios en cada ojo.
Es curioso, como la gente, y sus problemas, se hacen invisibles cuando se elevan los ojos cerrados

                                                                                    Luis le comentaba a un compañero, Ceferino, que le habían metido con él en la celda de castigo, fría casi en penumbra y maloliente
-Tenemos que ponernos en huelga de hambre –Sugirió Luis
-Para qué. No nos harán ni caso. Pasan de nosotros y de todo .Alego Ceferino
-¡No entiendes que es la única forma de llegar al hospital! –Refunfuñaba Luis – Y, una vez allí podremos pensar en mil ideas para huir. Yo tengo gente fuera que podrá llevarme hasta una pistola
-¿Estas seguro? Preguntó
-Nos pudriremos aquí créeme. Cuando pesan sobre nosotros tantas cosas
-No quiero que pesen más –Interrumpe en la misma línea.
-Lo natural de un preso, es fugarse ¿No? Nadie nos puede reprochar eso… Yo ya lo hice, ya pasé por todo. La suerte nunca ha estado de mi parte pero, puede que la próxima vez, si ¿Entiendes? Tenemos que hacer algo, ya mismo –Insistía ya lo ves.
Se pusieron en huelga de hambre. Calculaba Luis que después de lo ocurrido, que había sido noticia en todas partes y, con la confusión, y el enfrentamiento de ideas con el nacimiento de la democracia, no les convenía dejarles morir.
Ceferino de aspecto blandengue se debilitó antes que Luis y lo trasladaron después de usar todos los trucos haciéndoles ver que esperarían a que se murieran y, una vez muertos los dejarían tirados en el suelo para que se los comieran las ratas. Pero Ceferino, apoyado por el optimismo de Luis resistió. A duras penas, pero resistió y lo trasladaron.
Luis resistió algo más, su constitución física era más resistente.
Vino un abogado a verle y le entregó unas pastillas para bajar la tensión, advirtió sólo tomate una al día es muy peligroso que tomes más con el estado en que te encuentras. Luis se tomó tres de golpe y cuando bajo el médico a tomarle la tensión dijo: -Que lo trasladen de inmediato al hospital

                                               Al llegar al hospital le atendieron porque, al parecer, había peligro de paro cardíaco y, inmediatamente después le esposaron al hierro de la cabecera de la cama, y nada más esposarle sufrió un paro cardíaco. Afortunadamente en aquel instante estaban allí el doctor y la enfermera que se pusieron manos a la obra de inmediato.
-¡Quítele las esposas! –Pidió la enfermera.
-Lo siento, no puedo. No estoy autorizado para ello
-¡Quítele las esposas –ordenó el doctor –o se hace usted responsable de lo que ocurra.
Y el policía obedeció.
-Salgan ustedes de la habitación –ordenó la enfermera
-No –respondió uno de los policías –Es un preso muy peligroso –Añadió
-Está inconsciente ¡No lo ve! –Dijo el médico mientras le masajeaba – No podrá moverse cuando vuelva en si –Fuera de aquí –agregó y los policías salieron colocándose al lado de la puerta por fuera.
-¡Cierren la puerta! –ordenó la enfermera ofendida, que no estaba acostumbrada a ver a los detenidos esposados a la cama, ya que la habitación estaba preparada para los detenidos con rejas en las ventanas.

                                                                                  Hicieron cuanto pudieron hasta que estabilizaron al paciente que yacía como un saco de patatas sobre la cama.

                                                                                            En cuanto pasó el peligro pasaron su esposa y su madre. El aún estaba muy bajo de moral y se sentía muy cansado.
Mejor estar en la ignorancia, de lo que se ha perdido. La tentación no depende del tamaño de la manzana. Morir no ha de quitar la gloria de haber vivido. Cuando solo sueñas, se te va la vida soñando y muriendo sólo. Me llaman loco porque paseo por la tristeza sin redes de protección y me dicen loco porque no voy por la vida con el pensamiento único. ¡Ay, si! La mejor ayuda para el loco es, la no ayuda. Al igual que la felicidad, uno jamás llega al horizonte para tocarlo… ¡Huy, que malo, es ser bueno! ¡Que le pregunten a Dios! ¿Qué es más importante, la reinserción, o la resurrección? La paz, no es solo la ausencia de guerra, sino, que exista justicia real ¡Ah, si! ¡Eres lo que piensas y lo que escribes!
El sufrimiento solo es un estado de ánimo. Cuando uno huye de algo, es más fácil tropezar. Mientras la justicia duerme, mueren aquellos que no interesan a nadie. Cuando uno llora, otro deja de llorar.
Piensa, Lucha. Dime, ¿Qué clase de árbol vas a ser, tumbado sobre el suelo? No es lo mismo ser, que estar. ¡El que se excusa, se acusa sin darse cuenta!
Con paciencia y amor, se puede salir de muchos trances, con odio, jamás… ¡No se es valiente, si no se tiene miedo!

Luis estaba muy decaído, llegaron dos abogados, se sentaron al borde de la cama
-Te hemos traído una fina cuerda –susurró uno de ellos
-¿Para qué? –Preguntó Luis sorprendido
-Para que la tires por la ventana a la una de la mañana –Explicaba el abogado
-Por lo visto quieren engancharos unas pistolas metidas en una bolsa –Prosiguió el abogado
-¡Eso es estupendo! –dijo Luis muy emocionado
-Como podéis apreciar me tienen muy controlado, tengo que pedir permiso para ir al Water –Justificaba con preocupación pero con mucho interés Luis agregó: -Podríamos decírselo a Ceferino que esta en la habitación de enfrente, tienen la puerta cerrada y libertad de movimiento. Yo me puedo comunicar con el a través de la ventana del water, el tabique hace de medianera en medio de la reja de la ventana por ahí puede pasarme lo que haga falta.
-Bueno, Luis anímate, vamos a entregarle la cuerda a Ceferino luego habláis entre vosotros, nos vamos- dijeron ambos abogados
-Hasta luego -Contestó Luis
A la hora del desayuno de la comida y de la cena le quitaban las esposas.
Estaban repartiendo la cena, y Luis hizo un gesto a Ceferino para que pasara al servicio para poder hablar con él
-¿Te han dado la cuerda los abogados? –Preguntó Luis
-¡Si! Respondió Ceferino
-Ya sabes a la una de la mañana la tiras subes las pistolas y me das una, luego sólo tienes que fingir gritos de dolor y cuando abran vuestra puerta yo les encañonaré los metemos dentro los esposamos y nos vamos, todo saldrá perfecto ya verás –Añadió Luis ilusionado nuevamente
-De acuerdo -añadió Ceferino, sin mostrar ninguna emoción en su voz
Los nervios le roían a Luis conforme iba acercándose la hora, Hasta los policías se dieron cuentas de lo inquieto que estaba. Uno de ellos le preguntó: -¿Qué te pasa, te veo muy inquieto?
-No lo sé, tengo retortijones en la barriga –Contestó Luis
Cuando marcaba la una en su reloj, Luis pidió a un policía que necesitaba ir al servicio ya que le daba la sensación que tenía diarrea, le quitaron los grilletes y se fue al water, Ceferino no daba señal de vida, mientras tanto reconoció a uno de los que estaban abajo, ¿que pasara? se preguntaba Luis, seguro que se ha dormido, mientras tanto los policías empezaban a impacientarse, uno vino hasta la puerta y dijo: -¿Qué haces, como es que tardas tanto? –Ya voy respondió Luis desilusionado
No pudo pegar ojo en toda la noche, no daba crédito de lo que le estaba pasando, siempre le acompañaba la maldita mala suerte.
Por la mañana a la hora del desayuno como las dos puertas de las habitaciones estaban una frente a la otra las abrían, Luis le hizo un gesto a Ceferino para que fuese al servicio
-¿Qué pasó? ¿Por qué no tiraste la cuerda? –preguntó Luis
-No vinieron –Mintió Ceferino
-¡Mentira! Yo los vi abajo –Reprochó
-Voy a decirte la verdad Tamarit, Fas estuvo aquí hace unos días y dejó un barrote prácticamente cortado, el corte está tapado con miga de pan, antes de venir aquí Primitivo, se lo dijo a él, y éste le ha pedido a su mujer que tiene que venir hoy a visitarle que le traiga una hoja de cierra, si todo va bien nos marcharemos esta noche. Créeme Tamarit lo siento de verdad, pero si tengo que elegir prefiero marcharse sin armas –Aclaró Ceferino
-¡Vaya me has jodido bien! Aunque respeto tu decisión, y sobretodo por haber sido sincero, ¡que tengáis suerte! - Dijo Luis, mientras en su interior se repetía una nueva frustración y un nuevo fracaso.
El día se hizo largo y la noche también, Luis pensaba que, posiblemente en estos momentos ya están en la calle y yo aquí bien vigilado
Por la mañana a la hora del desayuno se dieron cuenta de la fuga cuando les abrieron la puerta y vieron la habitación –celda vacía. Se descolgaron con las sábanas y se marcharon
-¿Tu lo sabias verdad? –Preguntó amenazador un policía
-Que voy a saber yo si estoy aquí vigilado permanentemente- Justificó Luis

 

                                                La madre de Luis estaba muy alterada. Cuando se enteró de que los policías se negaban a quitarle los grilletes a su hijo y, permanecían como dos estatuas a cada lado de la puerta de entrada a la habitación se enfrentó a ellos -¡Pero bueno, os creéis acaso que mi hijo es un terrorista! ¡Malditos castigadores! –Había dicho.
Lo que peor las había parecido fue el hecho de haber sido cacheadas profundamente, solo por ser madre y esposa del recluso. Se comentaba que los policías estaban porque se había rumoreado que un grupo pretendía liberar al preso.
La esposa de Luis consumida por el temor de que pudiera pasarle algo malo le abrazaba, le acariciaba susurrándole constantemente que le quería y que le esperaría siempre.

                                                                                                                            

                                                                                                                    Nada más recuperarse le devolvieron a la prisión. De momento le ingresaron en la enfermería, por si acaso, lo cual hacía muy feliz a Luis porque allí se estaba mejor y tranquilo. Pero él jamás relajaba su cerebro, en su interior se cocían diferentes ideas, ya fuese para evadirse o para protestar. No podía evitarlo. Tenía tanto en su interior almacenado que no era capaz de controlarlo, ni de digerirlo con naturalidad.

                                                                                   Al otro día, subieron unos compañeros dándole la siguiente noticia:
-Sabes que todos los gitanos están revueltos porque se rumorea que vosotros cuando salgáis al patio vais a apuñalarlos y ellos están con pinchos preparados –explicó uno de ellos
-¡Esto no tiene sentido! -Replico Luis preocupado a la vez que pensaba que se trataba de alguna jugada de los funcionarios fachas.
-¿Sabéis lo que ha pasado en Barcelona hace unos días? ¡Se han enfrentado entre presos a puñaladas! Y aquí quieren hacer lo mismo –Agregó turbado
-¿Entonces, quieres decir que todo es una mentira? –Puntualizó uno de los compañeros
-¡Claro que si! –
-¿Quieres que diga a los representantes de los gitanos que suban a hablar contigo para aclararlo?
-¡Claro que sí, esto es un montaje, para crear un enfrentamiento entre los presos y dar una mala imagen al exterior, y evitar así cualquier beneficio hacía los preso! –expuso Luis, mientras pensaba con el gusano de jefe de servicio y de algunos residuos más del franquismo
No tardaron ni media hora en presentarse en la enfermería los representantes de los gitanos, se saludaron
-¿Vosotros os habéis detenido en meditar lo que estáis pensando? –Empezó Luis
-Nosotros hacemos caso a lo que se rumorea, pero si no es cierto me quitas un peso muy grande de encima –Dijo uno de los gitanos
-¡Puedes estar seguro que es un bulo!, que yo sepa ninguno de nosotros a dicho nada, eso es obra de los funcionario franquistas que quieren crear enfrentamientos entre nosotros, simplemente se trata de eso, por lo que debemos de estar tranquilos entre nosotros y comportarnos como compañeros que somos.
Uno de los gitanos le tendió la mano, Luis se la estrechó, los demás hicieron lo mismo.
-¡Nos has quitado un buen peso de encima! –añadió uno de ellos
-¡Yo también estoy mucho más tranquilo ahora, después de haber hablado con vosotros! –Susurró Luis

 

                                                            Pero la tensión nunca parecía desaparecer. En casa de su madre se recibió una llamada telefónica asegurando que, un grupo de funcionarios habían celebrado una reunión para quitarle de en medio a su hijo. Explicó que pensaban entrar cuando estuviera en su celda y entrarían para matarle de forma que pareciera un suicidio. La llamada no se pudo comprobar aunque algunos funcionarios que odiaban a muerte al preso quedaron en entre dicho cuando la madre del recluso movió el tema. El abogado García Estebe  intentó aclarar la cuestión por si pasaba algo y, como todo, se quedó en nada.

                               En la enfermería solo estuvo unos días calculados, y pronto le devolvieron a la celda de castigo. Aquel lugar era especialmente tortuoso para Luis. Allí encerrado todas las horas del día. Con una colchoneta sobre el suelo y pasando frío, se enfurecía. Y las peores ideas le dominaban. No había forma humana para tranquilizarse. Sentía él que, aquello tan continuado no era solo por el error, o errores cometidos. Estaba pensando para enloquecerle para llevarle a la desesperación y obligarle a cometer el error definitivo -¡¡Ah, si!! ¡¡Pues os voy a dar el gustazo!! ¡¡Hijos de puta!! Gritaba a solas cuando pensaba en ello -¡¡No me haréis callar jamás, hijos de perra!! –Refunfuñaba -¡¡Tengo que volver al hospital o, libre a casa!! ¡¡Maricones!! ¡¡Escoger vosotros!! –Mascullaba.

                                           El glotón alega, que come en legítima defensa. Finjo felicidad, para que no me pregunten por mi tristeza. ¡Cariño, no hables, si no puedes mejorar el silencio!; ¡Para conocer a alguien, hay que vivir aquello que vivió él!
El amor es la imposibilidad de la razón. ¡No es lo mismo aparentar ser digno! ¡Que vivir con dignidad! ¡Gracias por robármelo todo, sin querer me has regalado lo que más me convenía. Por amor se puede hacer de todo tipo de locuras, y por desamor, todo tipo de bajezas. Dale otra oportunidad, aunque solo sea para que vuelva a equivocarse. ¡Ah!. ¡La convivencia es la tumba del amor!... ¡Ale, verdugo! ¡Esos a quienes permites vivir, te negaran el saludo mañana!... ¿Cuál será la verdad, de la mentira de las religiones? La vida es una pura, puta coincidencia. ¡Solo yo puedo hablar de mi porque soy quien mejor me conoce!... Nada se sabe realmente, todo se imagina… ¡Este mundo no tiene arreglo! ¡Hay veces que ganas por ser como eres y, veces que pierdes, por ser como eres!  Gracias amor, a tu lado nunca lo pasé tan bien, pasándolo tan mal… ¡Lo único que se hacer bien, es precisamente lo que se hacer mal! El inconformismo, es un dulce castigo… ¡Brindis, que cuando estemos peor, estemos como cuando estábamos mejor! ¡Y, recuerda que el amor es la única mentira, que es verdad…! ¡Y, jamás niegues a un hombre el derecho a ser inconsciente!... ¡Ay, amigo! ¡La vida no fue diseñada para entenderla, sino para vivirla…! ¿y, una sociedad vale lo que valen las ideas? ¡El noventa por ciento de la composición es la descomposición!

                                                                       Del muerto se habla, es porque jamás murió en la memoria de todos… Así pensaba el preso cuando de nuevo, intentó ponerse en contacto con el desgraciado que ocupaba la celda próxima a la suya. Tan sólo le separaba de un tabique y una verja. Pero como es natural en Luis siempre ha de intentar algo, lo que fuese. Su vida, y su paz, siempre pendían de un hilo pero ese hilo lo fortalecía siempre aquella mezcla de ilusión ilusoria y sus ganas de armar la marimorena aunque solo fuese por jorobar.

                                                                            Jairo, que así se llamaba el infeliz de la celda de al lado le confesó a Luis, ante la insistencia de éste, que tenía una cuchilla de afeitar pero, le informó que de poco le haría de valor porque la había estando usando para cortar diferentes materiales y que estaba muy deteriorada.
-No importa Jairo. Pásamela –Dijo Luis eufórico. Y, aprovechando el momento oportuno se la pasó.

                               El pecho de Luis se inflaba y desinflaba con ansiedad que le invadía. Lo único que siempre tuvo claro era el hecho de que jamás daría la oportunidad a su cerebro para que descansara. Mientras estuviera vivo intentaría cualquier cosa para salirse con la suya.
Su idea era la de cortarse la arteria del brazo izquierdo. No las venas, sino la arteria para  que la sangre alarmara mas a los funcionarios y le condujeran de nuevo al hospital.
-¡Quien sabe la oportunidad que puedo encontrar allí! –Exclamaba una vez en el interior de su cerebro -¡Lo que si tengo claro es que, aquí, y pasivo, me consumiré, se me asfixiará el alma! –Razonaba.

                                                     Con la frialdad del amargado comenzó a cortarse la carne del brazo. Efectivamente apenas cortaba por lo que tenía que pasar varias veces por la misma línea hasta que se hizo un buen boquete.
-¿Qué haces tío? –Preguntó Jairo perturbado al oír sus gemidos
-¡Cállate, ostias! –Gritó Luis nervioso -¡Me cago en Dios sagrado Añadió con rabia cuando con la yema de los dedos pretendía aferrase a la arteria, la veía pero no conseguía seccionarla, se escurría como un pez, la cuchilla no cortaba lo suficiente, y al presionar la arteria se escondía debajo de los tendones -¡Me cago en los cojones del diablo! –Refunfuñaba desesperado, dando cortes -¡Esto es la ostia…! Es como una puta maldición –Maldecía preso de rabia

                                                                               En aquel momento entró el funcionario tal vez alarmado por la sangre y viendo como Luis hurgaba en la herida, más que alarmarse se enfureció -¡Ya estamos con los mismos…! Estáis todos locos –Maldecía el carcelero que llamó ayuda para subir a Luis a la enfermería… Este se ha cortado las venas –Agregó. Le subieron a la enfermería le examinaron. Ciertamente el corte era profundo pero no había cortado nada importante. Le pusieron unos cuantos puntos de sutura, lo curaron y de vuelta a celda.

                                         ……………………………………………………..

Los mandos de la cárcel juntaron todos los puntos conseguidos por el preso por sus locuras –Fechorías. Y entre pitos y flautas se comió alrededor de un año en la celda de castigo viviendo como un cerdo, realmente. Hasta el mismo olía a sudor. La barba le había crecido, y el pelo. Dentro de las celdas de castigo, sobre todo cuando se juntan las causas efectos de los fracasos se les negaba cualquier “privilegio”. La cuenta se paga al contado. Sin más.
Su madre y esposa habían pasado varias veces a verle pero no lo habían conseguido porque estaba incomunicado por el pago por errores muy graves. De nada les sirvieron a las dos mujeres protestar e intentarlo todo en diferentes instancias.
Tan solo al final del pago, después de un tiempo, le permitieron verlas cinco minutos. Lo que era saludar, tal vez para que los familiares vieran y comprobaran que no estaba muerto, y nada más.
-¡huy, hijo! ¡Tienes que cortarte ese pelo y esa barba! –Decía su madre.
-Cuando salga de aquí –respondió él sin ánimo
-Ves, cariño. No merece la pena que lo intentes más –Lamentaba su esposa –Debes de tranquilizarte…hasta que salgas en libertad.
-¡Pero eso será dentro de mucho tiempo! –Gritaba él
-¡¡Ya, ya ha pasado el tiempo!! –Sentenciaba el carcelero –Tienen que salir señoras.
-¡Pero si acaban de sentarse, joder! –Mascullaba ofendido Luis
-Déjalo…Cállate, mi amor –Musitaba la esposa al tiempo que le enviaba un beso desde el otro lado de la comunicación
La madre suspiraba en lucha consigo misma sin decir palabra, tal vez calculando que dijera lo que dijera animaría a la rebeldía –También el hizo un gesto de enviarle un beso a través de las rejas

                              ………………………………………………………..

Poco a poco comenzaron a dejarle salir al patio. Al principio cinco minutos para que estirara los pies que los tenía medio entumecidos, luego diez minutos, y más tarde un cuarto de hora.
Mirar al cielo reconfortaba al preso en extremo. No porque se imaginara a Dios, sino porque podía respirar en su imaginación la libertad, la vida. Pasó un avión surcando el cielo y se quedó paralizado mirándole fijamente mientras el número le observaba sorprendido sonriendo malicioso. Se imaginaba dentro del avión. En el interior de su cerebro podía ver, y hasta verse asimismo camino hacía algún lugar. Hasta se imaginaba sentado al lado de su esposa a quien le cogía la mano feliz. Iban hacia algún lugar paradisíaco dispuestos a amarse, a gozar de la vida y de todo. Cerraba los ojos y podía saborear la causa efecto de cuanto imaginaba. Hasta suspiraba embelesado con aquella realidad irreal.

                                                                                                                   Por fin le permitieron cortarse el pelo y, afeitarse. No había espejo para mirarse, pero se veía en el espejo de su mente, y se veía bien porque sonreía satisfecho, tal vez pensando en como le verían sus mujeres cuando llegaran de nuevo a verle.

                                                                             Por fin llegó su madre. La comunicación estaba separada por unas rejas y un cristal con unos agujeritos pequeños
-¿Cómo me ves? –Preguntó como un niño inocente y, cuando le dijo que muy bien río satisfecho.
-Al momento el funcionario anunció que se había acabado el tiempo.
-¡Pero…! ¡Si no han pasado ni dos minutos! –Gritó enfurecido el preso mientras le temblaba todo el cuerpo en desacuerdo y de ansiedad. Esta vez su madre le apoyó gritando en desacuerdo pero el funcionario insistía en que tenía que irse ya que el preso continuaba aún en celda de castigo.
-¡Hijos de puta…! ¡Cabrones! –Gritaba el recluso que cogió la banqueta donde se sentaba y empezó a golpear y romper todo los plásticos-cristales de la comunicación
-Sois unos fascistas asesinos. Fascistas Dictadores –Gritaba la madre
El funcionario intentó disuadir a Luis, pero éste con la banqueta y a distancia se la tiró al funcionario al tiempo que le agredía verbalmente avalado por su madre.

                   Aquel acontecimiento ocasionó una denuncia contra la madre y el preso, afortunadamente cuando se celebró el juicio Luis estaba en la calle y había jurado que si le condenaban a un solo día a su madre iría a por los carceleros. Suavizaron, más bien negaron las declaraciones que hicieron en su día…

                                              ……………………………………..

Seguía saliendo al patio a estirar las piernas custodiado por un funcionario un tanto simplón. Tal vez por ser nuevo en la zona, o por ser bobo de forma natural.
Era el clásico españolito que habla por hablar, por no estar callado caminando a unos pasos del preso.
-¿Has oído en las noticias el dineral que aprobó el gobierno para material antidisturbios? -preguntó el funcionario sonriendo simplón
-Estoy en celda de castigo –Recalcó con sequedad el preso – No puedo enterarme de nada – Añadió
-Pues si, y nos vendrá muy bien –Proseguía el número que acabaría siendo director del centro.
-¿Para qué? –Preguntó Luis con desgana –Si no os lo podéis gastar vosotros.
-¡Claro que si! –Exclamó decidido
-¿En qué, hombre, en que? –Preguntó con cierto desdén
-En muchos casos – Musitó tontorrón –En detalles como porras eléctricas, Gases lacrimógenos paralizantes para reducir a los presos cuando hacen locuras.
Aquel día Luis se encontraba especialmente sensible y malhumorado por lo que respondió de mala manera
-Déjame en paz –Mira podéis entrar en mi celda, con todas esas ideas, y molerme a palos… Pero no sois policía que luego os vais y ya no nos veremos… Vosotros os quedáis condenados a convivir conmigo
-¡Y, que! –interrumpe el carcelero
-¡Me jodereís, claro! Y me chapareis, pero la puerta, tarde o temprano la tendréis que abrir y, entonces cuando vaya a talleres ya me encargaré yo de conseguir un buen pincho que os lo clavo hasta las entrañas –Espetó mordiendo cada silaba.
-¡¿Pero que dices?! –Pregunta exclamando
-¡Lo que oyes! –Mira estoy muy envenenado. Ya no tengo nada que perder. Entre unos y otros me habéis jodido la vida… Yo no pierdo más apuñalando cuando estés tranquilamente sentado en tu zona ¿Como lo ves?
-Bueno, tranquilízate –Musitó perplejo el tontorrón
-¡Nadie se puede tranquilizar cuando tiene razón! – Escupe con nerviosismo
-La razón, es un mínimo de explicaciones y un máximo de sensaciones –Repica sensiblero- Tranquilízate, hombre. No es para que te pongas así –Agrega confuso
-Vale-
-Bueno, ya está. Vamos a la celda. Y le condujo de vuelta a la celda dando por finalizado el tiempo concedido.