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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo XXIII

El totalitarismo empieza por el uso del lenguaje. ¡Hacer el bien no es bastante; ser bueno, es suficiente; es el todo! Si, cuanto más envejece el hombre, y más corta es su vida, mejor sabe esperar… Haz del cuerpo tu hogar, no tu celda. La promesa fácil se parece a nada, pero es mejor que nada. Lo importante de ser, no es ser, sino querer ser. Antes de enterrar el cuerpo hay que enterrar los rencores para seguir siendo. ¡Ay, si! Dios quiere castigarnos, atiende nuestras plegarias. Lo que Dios elige para ti, casi nunca coincide con lo que eliges tú. El secreto del éxito de un matrimonio está en tener mala memoria ¡En este mundo loco, volverse loco, es estar cuerdo! Me querrás tanto como lo que estas dispuesta a sufrir por mi. La locura existe pera que nunca jamás nadie pueda compararse con Dios. ¡Solo fallamos cuando dejamos de intentarlo!

                                                                               En los últimos tiempos cuando tenía que presentarse a juicio, cuando entraba en la sala lo primero que miraba era la cara del juez-jueces. Aunque intenten fingir, por aquello de la democracia, en el fondo tan torpes que se les nota todo. En sus miradas siempre está el mensaje de si le conocen, si le desprecian y, casi marcada la sentencia. En tal caso, que eran casi todos, Luis comenzaba exponiendo que no reconocía aquel tribunal. Si por casualidad el presidente padecía de autoritarismo, querían todos que le exigiese callar y sentarse quedaba la puerta abierta para faltarle al respeto. Le insultaba a propósito y, de inmediato le expulsaban de la sala. Ya había ganado tiempo.

                                                                          Otro día habían coincidido varios detenidos que se conocían, por haber participado en varios altercados; un tal Terpy, Macarro y otros. Estaban en una sala celda de espera para ser trasladado a la audiencia, y en la siguiente, los funcionarios y los policías que firmaban la entrega de los a sentenciar.
Macarro, cotilla-marujón por naturaleza, puso su cara contra la pared –Están hablando de ti Tamarit -Dijo misterioso-¡Lo tienes claro! –Exclamó –Temen que la vuelvas a armar como de costumbre –Agregó y, al momento entraron los policías dispuestos a colocarles los grilletes a los detenidos. A todos se los colocaban con las manos hacia delante, a Luis lo dejaron para el último
-¡Venga pon las manos atrás! –ordenó un policía
-¿¡Porqué!, acaso soy distinto a los demás? –Espetó Luis
-¡Venga que no tenga que repetirlo! –Insistió el policía
-¡Me parece discriminatorio! ¡Bueno, pensándolo mejor, podéis colocarme las esposa pero por mi madre, que aunque, me moléis a palos no iré por mis propios pies tendréis que llevarme en brazos! Luis se sentó en el suelo.
Momento en que llegó empujando a todos los que encontraban en su camino el que mandaba de entre ellos
-¡¡Quien coño no se quiere esposar aquí!! –Gritó en chulesco el cabo
-¡Un momento, aclaró luis, yo no me niego a que me pongáis las esposas, lo que si me niego es ir por mis propios pies, podéis llevarme en brazos si queréis…! ¡Solo tenéis tres opciones, intentar molerme a palos, llevarme en brazos, o esposarme delante como a todo el mundo…! –Dijo Luis en tono retador
-Está bien que lo esposen como los demás, no perdamos más tiempo –Aclaró el cabo

                                                                                 Al llegar a la audiencia, los metieron en una salita que había en aquella época al lado de las salas donde juzgaban. A Luis le sacaron antes, estuvo un rato esperando dentro y por motivos que desconocía porque le era enteramente igual lo que decidieran, se suspendió el juicio y lo volvieron donde estaban los demás presos en la salita esperando sentados en unos bancos de madera. Todos estaban fumando, Macarro al verlo regresar le ofreció un cigarrillo
-¿Quieres un cigarrillo Tamarit? –Dijo Macarro a la vez que alargara la mano con el paquete para que Luis cogiera un cigarrillo
-Si dame uno, gracias Macarro –Luis se dispuso a meterse el cigarrillo en la boca.
El cabo que durante todo el tiempo no dijo nada a nadie, se apresuró en decir:
-¿A quien Habéis pedido permiso para fumar? ¡¡Venga apagar esos cigarros!! –ordenó el cabo.
Todos tiraron el cigarrillo, pero como Luis sabía que lo había dicho por él, cogió el mechero y encendió el cigarro provocando al cabo, mientras exhalaba el humo
-¡¡Te he dicho que tires el cigarro!! – Seguía ordenando el cabo mientras se acercaba a Luis
-¡¡¡No se te ocurra tocarme!!! –Exclamó Luis con un tono de voz temblorosa pero amenazadora
Se juntaron todos los policías alrededor de Luis que seguía fumando, se limitaban a decirle que tirara el cigarro, momento en que llegó uno de ellos intentó cogerlo por el cabello, Luis se levantó
-¡¡¡Hijos de puta!!! –Decía a la vez que con las manos esposadas intentó agredir a un policía
 Estos se retiraron un poco hacia el pasillo para sacar las porras y ponerse en guardia pero Luis estaba fuera de si, fuera de control, no sabía lo que se hacía y empezó a romper todos los cristales que encontraba de las puertas y ventanas del mismo pasillo que estaba lleno de gente familiares de presos, jueces fiscales abogados etc. A cada golpe que daba salpicaba las paredes de sangre, la gente no creía lo que estaba viendo
¡¡¡Hijos de putas!!! ¡¡¡Cabrones!!! ¡¡¡Fascistas!!! –Insultaba Luis fuera de control
Mientras tanto los propios policías estaban impresionados de lo que estaban viendo, le pedían por favor que se tranquilizará.
-¡¡Por favor!! Déjame que te quite el trozo de cristal que tienes clavado el la mano, vamos tranquilo no vamos a hacerte nada, Luis se quedó agotado contra una de las paredes del pasillo con la expresión en su cara de no saber muy bien lo que terminaba de pasar. El policía se le acercó y le quitó un trozo de cristal de unos veinte centímetros que tenía clavado como un puñal en la mano derecha, con un pañuelo le cubrió la herida y le condujeron al médico forense de la audiencia.
El forense un hombre mayor de la vieja escuela franquista, le observó dijo: -eso no es nada, cuando en la mano llevaba un boquete que necesitaba varios puntos de sutura, este curador de muertos en vez de vivos se limitó a vendarle la mano.
A Luis lo dejaron directamente en el furgón, el cabo se sacó un paquete de tabaco del bolsillo le dio un cigarrillo y fuego, mientras le decía fúmatelo tranquilo chaval.

                                                                           Durante el trayecto de vuelta Luis notaba que no podía mover los dedos de la mano derecha, al llegar a la prisión se quitó la venda y observó la herida, por la parte delantera un agujero profundo, y por el dorso otro corte profundo por donde salían los tendones hacia fuera, Fue al jefe de servicio y le mostró la mano
-¿Usted también cree que esto no es nada? –apuntó Luis
-Que avisen ahora mismo al médico –Dijo el jefe de servicio
Llegó el médico de la prisión con quien Luis ya había tenido problemas
-¡Yo no quiero responsabilidades, que lo lleven al hospital! –Señalo el médico
Los mismos policías con los que tuvo el altercado fueron los que lo trasladaron al hospital donde le pusieron varios puntos de suturas y le unieron los tendones de la mano
Como ya era conocido en el hospital por algunas enfermeras, avisaron a su esposa que se presentó en poco tiempo allí.
-Considero que eres un hombre de palabra – susurró el cabo de la policía
-¿Porqué? –Preguntó Luis sorprendido
-Porque tu mujer está aquí y quiero dejarte un rato con ella en esta habitación, tengo tu palabra que si te dejo a solas con ella no intentaras nada
-Tienes mi palabra –Respondió Luis agradecido
Una vez sólo con su mujer, no sabía muy bien por donde empezar, la besó con ganas y la palpó,  pudieron estar unidos un rato a solas. Cuanto la deseaba y al mismo tiempo cuanta frustración le acompañaba siempre. Pensaba Luis bien a merecido la pena esta herida por lo menos he podido estar con mi mujer… -¿Sabes cariño? cuando llegue a mi celda me haré una paja pensando en este preciso momento pero tendrá que ser con la mano izquierda, no se como resultara porque nunca lo he intentado, siempre he utilizado la mano derecha…Ella sonrió, y le susurró yo también me haré otra…