El mundo secretos de las lágrimas
Capitulo XXIV
Cuando en una aldea remota muere un anciano, muere una biblioteca… ¡Dime, amigo! ¿Qué se siente cuando no se siente nada? En igualdad de condiciones, la realidad más simple suele ser la verdadera. La pobreza no tiene talento para admitirse asimismo, tal cual. El que calla humilla en silencio al que habla. Uno se puede atragantar con lo que dice, pero jamás se ahoga con lo que dicen los demás. Si de los cobardes no se ha escrito nada, es porque lo han podido contar ellos mismos. Mientras vivimos nos estamos entregando a la muerte día a día. Antes de comprometerse con el futuro, hay que hacer las pases con el pasado. En cada pareja hay tres historias, la de el, la de ella, y la verdad. Si no eres dueño de ti mismo, al final serás lo que la gente sospecha que eres.
No es aconsejable dejar de vivir para mantenerse vivo. Debo de temer a todos, menos al miedo regalado por todos. Mientras no cambie Dios, nada cambiará… No recuerdo no haber tenido razón jamás.
A parte de tener restringido los pasos hacia otras galerías o talleres Tamarit podía ir de un lado a otro de la galería. Sobretodo podía incluso pasar a otras galerías cuando estaba el jefe de servicios apodado el “Gusano” el cual había sido director en la prisión de Barcelona de donde le echaron y le rebajaron la graduación por haber torturado y matado a un preso. Era especialista en casi todo lo perverso. Se rodeaba de los presos para intentar crear grupitos de ultra que luego él intentaba usar según su plan.
Cuando estaba aquel mal bicho todo se lo permitía a Luis, incluso algunas cosas prohibidas, Luis interpretaba que no era por respeto sino por miedo. Miedo a las reacciones, casi siempre extremistas del preso que además arrastraba tras de si a otros que siempre le seguían.
Intentaba, el zorro, hacerle uno de los suyos pero no lo conseguía. Era la tan cacareada transición hacia la democracia pero estaba mas que claro que la mayoría de los funcionarios y policías no querían. Se encontraban en su salsa con las ideas de la dictadura que les apoyaba en toda clase de abusos.
Optó Luis, por cambiar de filosofía e intentar acercarse más a los funcionarios jóvenes, la nueva generación de funcionarios. En concreto pensaba en uno que era de izquierdas y al que conocía de otra prisión de Tarragona. Algunas tardes cuando el funcionario volvía de talleres charlaban en la galería. Le hacía sentir la sorpresa que el experimentaba de cómo había soportado el preso tanta carga encima, tanta presión y tanto dolor y sufrimiento y sobre todo tanto tiempo en la celda de castigo. El mismo reconocía que no lo habría podido soportar. Le expresaba su comprensión respecto a las ideas de fuga, lo entendía perfectamente.
Medio en broma, Luis aprovechó para tentarle y le habló de la posibilidad de fugarse ayudado por el viajando en el maletero de su coche. Para ello, pagaría un millón de pesetas. Luis conocía la respuesta de dicho funcionario porque lo conocía ya tiempo, autoritario pero comprensivo, y respetuoso a su profesión, aunque con confianza suficiente para poder hablar del tema con él
Luis podía ser muy pícaro y muy ingenuo a la vez. Podía cometer errores cercanos al problema sin calcular las consecuencias. Solo con que le trataran bien, le sonrieron y le dieran pie, podía extenderse como lo había echo con el funcionario deseando fugarse deseando fugarse en el maletero de su coche. Como todo en la vida, depende de con quien se hable, y así, meterse en un buen lío. El niño que vivía en el podría acarrearle problemas, o podría donarle ternura poco apreciada en el ambiente. Puede resultar noble un gesto infantil en un momento dado, pero muy peligroso. Pero Luis era así, tierno, amigo o, rebelde y vengativo. El equilibrio aún no lo había conseguido. Tenía que crecer aunque hasta el momento había crecido por fuera.
-¡Cuidado, que soy un hombre, con pelos en los huevos! –gritó un día a alguien que tradujo mal al niño que llevaba dentro, olvidando que puede ser así, en un momento dado, y todo lo contrario, si alguien intenta sacar, lo peor que hay en él.
Con música se amansan las fieras, pero la realidad es que en el mundo marginal poca música hay para restaurar el alma, para aliviar los nervios o para dar la oportunidad de que alguien saque lo mejor que hay en él. Lo contrario, por cierto, es lo que más abunda. Por eso el mundo está como está, lleno de dolor, y desorden, que no pueden escuchar la música.
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Tamarit entró en una fase intensa de euforia que le embargaba. Estaba convencido de que iba a salir en libertad. Tenía la intuición, un profundo presentimiento de que, fuese como fuere saldría y, aquel convencimiento le hacía flotar en el aire uniéndose a la mismísima luz, fundiéndose en ella y vengar como un suspiro de ilusión.
Se marchaba, se lo decía su sexto sentido y, así lo comentaba sin pudor alguno.
Al funcionario que solía hablar con él que estaba en talleres, le comentó que sus padres tenían un criadero de perros Doberman, salió la conversación y el funcionario explicó que le gustaría tener uno. Luis se precipitó y le dijo que le regalaría uno de las mejores camadas. Psicológicamente, dentro de su mundo fantástico pretendía ilusionar al carcelero. En definitiva intentar tenerle de su lado. Tal vez aquella idea, como tantas otras, fuera un tanto infantil, pero el era así, lo intentaba todo.
Habló con su madre para pedirle que escogiera de la primera camada el mejor cachorro y así lo hizo porque su hijo se lo pedía. Quedaron su madre y su esposa y le entregaron al funcionario un hermoso cachorro que éste agradeció mucho.
Luis era feliz, simplemente porque el funcionario se portó agradecido y contento con el animal.
A ratos el pasado le golpeaba la cara y, los errores cometidos le insultaban, le humillaban. Luis, últimamente recibía la visita de su propia conciencia que le maltrataba. Y aunque en el fondo sentía que la vida le había tratado mal y, que el mundo no le había recibido con manos llenas de caricias, el mismo a veces intentaba pasar todos los años vividos, al igual que una película, las visionaba, las analizaba y caía en una profunda sensación de pena por todo y hasta pesimismo.
Era lo suficientemente honrado consigo mismo, a solas y en silencio, como para desear poder cambiar toda su vida, al igual que una serpiente muda de piel y deja la vieja tirada en el camino pero, era consciente de que no podía, como lo era de que no sabía mejorar su vida en el futuro. Sentía que necesitaría magia para poder consigo una obra de arte. Tal vez no lo mereciera pero lo deseaba.
Últimamente miraba hacia atrás y sentía que en realidad no había tenido tiempo de vivir su propia vida. Entre pitos y flautas, entre detenciones y condenas, sentía que no había habido tiempo para vivir –La vejez es un insulto –solía decir cuando pensaba como se le iban los años ¡Como, se había escapado la juventud por entre los dedos de la mismísima, vida sin darse casi ni cuenta!
La felicidad no había llamado a su puerta y, aunque quería mucho a su esposa no había podido vivir esa vida hogareña que le habría gustado. Amanecer a su lado sin temor a su lado cada mañana. Amarle sin miedo a que pudiera la policía llamarle a la puerta, pasear por el centro de la ciudad con la tranquilidad del hombre bueno –Si, se había perdido a lo largo de los años demasiadas cosas. La vida le había arrebatado la mejor esencia de la propia vida ¡Y todo, por no haber encontrado trabajo cuando volvía, ya mozo, de Francia y, naturalmente por muchas cosas más!
-Unos nacen con estrellas y otros estrellados. El sentía a veces que, tal vez por alguna razón, de alguna reencarnación anterior estaba destinado a pagar en esta vida algo y, no tenía más remedio que, pagar y callar.
No es que el creyera precisamente en esas cosas, pero, un hombre muy misterioso y, con mucho encanto personal que había conocido tiempo atrás en una prisión le solía hablar del más allá, y justificaba la suerte y la desgracia de los seres vivos. A veces, aquel hombre pacífico que, al parecer había estudiado filosofía oriental en un convento en el Tibet, le hacía pensar y, a menudo hacerse sentir culpable. Cuando se fue en libertad aquel ser pacífico y paciente lo sintió. Era la clásica persona que se hacía querer y respetar desde la sencillez y la profundidad de las cosas. Siempre creyó que de haber pasado a su lado más tiempo algo habría cambiado en su mente y corazón. Pero el destino es cruel e incomprensible, o tal vez lo sean simplemente los seres humanos y, el destino no existe. Cuando un ser sensacional aparece en nuestras vidas, casi siempre desaparece pronto. Sin embargo cuando uno conoce al desagradable se lo encuentra siempre o, su mala obra -solía razonar en silencio Tamarit que pensaba con facilidad de la melancolía a la euforia sin saber como detenerse en el medio, jamás.
A menudo se encontraba, sin razón alguna que le provocara, sumido en una tremenda tristeza que le arañaba el alma y le golpeaba el pecho. Podría sentir como un batallón de hormigas inquietas se peleaban en el interior de un estómago y, se desesperaba sintiéndose el hombre más desgraciado del planeta. Y, en otros, la ilusión se casaba con la fantasía, sin que tampoco pudiera razonarlo y el optimismo le invadía hasta divagar sin demasiado sentido hasta llegar a sentirse el ser que todo lo puede. De soñar los sueños aún por soñar y, hasta los prohibidos. De sentir como los enanos buenos del paraíso ríen felices dentro de su cabeza. De planear y dirigir cualquier acontecimiento. De la índole que fuese y llevarlo a cabo con éxito, incluso de dirigirse asimismo y conducirse más allá de lo pensable.
Luis estaba convencido, sentía que había un sinfín de tipos de locuras, malas, regulares, y maravillosas. Que todos los seres humanos transportaban en su ser síntomas de locura alguna. Que nadie estaba totalmente cuerdo de verdad, porque esa “realidad” ya suponía un síntoma, o clase de locura. Que estaba el loco que no sabía ni admitía su locura, y que era el peor. El loco que sospechaba que lo estaba y, el loco que sabía que era dueño de una dosis de locura maravillosa capaz de ir más allá de lo establecido y de lo prohibido y alcanzar razonamientos sorprendentemente validos para el mismo y para la humanidad, como el caso de aquellos genios de los que se solía decir -¡Bah, esta muy chiflado! –cuando en realidad era un genio.
Tamarit solía pensar mucho en esas cosas. Sentía que estaba loco, como los demás seres humanos aunque, no acertaba a saber cual era su clase de locura. Cuando pensaba en estas cosas que, curiosamente era cuando se sentía solo o apaleado por aquellos que se creían cuerdos, no podía evitar pensar en Terpy convencido de que, de seguir compartiendo la vida de la cárcel, le habría ayudado a conocer esa realidad, y otras. Porque al igual que otros locos geniales de la historia aquel ser diferente, era uno más.
Primitivo, que se había fugado del hospital, le habían vuelto a detener y coincidieron de nuevo. Nada más enterarse de que, Luis estaba allí le buscó en cuando pudo sospechando, porque le conocía, pensaba que Tamarit algo tendría en mente. En cuanto le vio lo primero que le preguntó fue -¿Estas preparando algo…? De ser así contarás conmigo ¿No?
Luis que atravesaba una etapa de crecimiento eufórico se limito a sonreír misterioso. Le resultaba casi imposible hacerle participe de cuanto ni el mismo tenía claro. Sentía que se fugaría pero aún no lo tenía claro. Solo sentía en lo más profundo de su ser que iba a salir. Sintió la necesidad de hacer correr la noticia de que iba a salir antes de un mes.
Algunos aunque sonrían creían que se había vuelto loco, pero a Luis no le importaba lo que pudieran pensar de él.
-¿pero como te vas a ir con todo lo que tienes pendiente? –Le dijo uno a lo que respondió –Me lo están arreglando en Madrid unos amigos de mi familia-
En lo que si parecían ponerse de acuerdo todos era en que coincidían en la sentencia pensaba que un año de castigo en las celdas de castigo le había trastornado.
Otros sin embargo sospechaban que aquella noticia debería de formar parte de algún plan o, que les estaba tomando el pelo.
-Cuenta conmigo –insistía Primitivo.
-Esta vez solo hay sitio para uno –Había respondido recreándole en el despiste y la confusión que producía en él. Al fin y al cabo aquella extraña sensación que le dominaba solo era suya.
El regalo del cachorro del Doberman había dado sus frutos. El funcionario, agradecido, consiguió que Luis pudiera salir a trabajar en talleres. A su vez, Luis sentía que desde talleres la fuga podía ser más fácil.
Desde la zona donde había sido destinado podía observar la entrada de los camiones, la descarga, y la salida. La cabeza parecía inflamarse, dilatarse con la cantidad de planes que nadaban en su interior.
Al ser empleado en talleres en el departamento de guitarras le trasladaron a la segunda galería. El compañero de celda también trabajaba en guitarras. Hizo lo posible por hacerse amigo de él, sospechaba que podría servirle de ayuda.
La mercancía, eran bafles, altavoces grandes entre otras cosas. Luis creía que con la ayuda del compañero podría viajar en el camión y salir dentro de una de las cajas de bafles. Para ello tenía que aprovechar cada movimiento del funcionario y del conductor.
Observaba reiteradamente los camiones que entraban, para carga o descarga, empezaron a colocar bafles preparados para luego colocar los altavoces, cuando su compañero de celda fue a toda prisa y le dijo, ahora mismo esta el camión sólo...Luis no le dejó terminar de hablar que ya estaba fuera y de un salto subió al camión, se metió como pudo asiéndose lo más pequeño posible dentro de uno de los bafles -¡venga, rápido, méteme otro encima a la inversa! Así lo hizo su compañero diciéndole – ¡Que tengas suerte!
Los internos seguían cargando poco a poco el camión, nadie se había percatado de la presencia de Luis.
Era mediado de septiembre de 1979, hacía un calor sofocante encerrado dentro del bafle y la caja metálica del camión. Luis sudaba con ganas igual que se estuviera en la ducha, mientras tanto las bafle tenían unos tornillos donde debían colocarse los altavoces y se los iba clavando en las rodillas, pero estaba contento, por la libertad todo eso merecía la pena.
El encargado no tardó ni medio minuto en volver con el funcionario, Luis entre la rendija que separaba los dos bables podía verles
-¡¡Venga rápido que nos vamos a derretir aquí al sol!! –decía el encargado y chofer del camión
Iban colocando bafles encima de Luis y por los lados que ya le impedían la visibilidad que tenía.
-¡¡Eso está mal cargado, arreglar esos bafles!! –ordenó el encargado. Mientras Luis lo estaba maldiciendo pensando que lo iban a descubrir por su culpa, se juraba a si mismo que si lo descubrían se iba a liar a ostias con ese idiota.
-¡Venga ya esta bien! –Aclaró –seguir cargando los que quedan. Luis respiró hondo, muy cerca quedaron de él.
Por fin cerraron las puertas, Luis escucha atento cada movimiento que se producía en el exterior, subió el chofer y puso el motor en marcha, aceleró al tiempo que el corazón de Luis también aceleraba sus pulsaciones y resonaban dentro de su pecho.
Súbitamente el funcionario gritó al camionero -¡Juan, un momento!
Tanto Luis en el interior de la caja, como el compañero sintieron que algo se rompía en el interior de sus pechos –Ya lo han descubierto –Susurró Luis temeroso.
El funcionario se acercó a la cabina del camión –Creo que no arranqué la copia del cargamento- Dijo haciendo revisar los papeles al camionero -¡Ah, si! Aquí está –Musitó arrancando la copia y entregándosela –Toma. A mí, de todas formas no me habría servido para nada –dijo cordial
-Pero a mi si –Respondió el funcionario al tiempo que la recogía –Ala. Adiós
-Adiós, majo-
Desde el interior de la caja, Luis calculaba el recorrido del camión-
Paró un momento, sabía que estaba ante el control de la guardia civil, estos abrieron los portones, y los volvieron a cerrar al instante. El camión volvía a moverse, sentía que ya iba por la carretera, frenaba y aceleraba como hacen los vehículos dentro de la ciudad.
Luis no tenía muy claro adonde se dirigía, pero presentía que nadie iba a detenerle, porque una vez fuera debía de defenderse como una autentica fiera.
Se detuvo, oía como bajaba del camión, y se abrían unas puertas metálicas, hasta que el vehículo hacía marcha atrás. Las puertas del furgón se abrieron, y con todas las fuerzas que le había concedido la naturaleza y su juventud arrojó todos los bafles fuera, el encargado se quedó como paralizado, de piedra, blanco, Luis se acercó a él y le dijo: -si dices algo volveré a por ti –Sentenció con tono duro
-Puedes estar tranquilo que no diré nada- Balbuceó el encargado que no salía de su asombro
Luis sonrío para luego como si volara dispuesto a alejarse de allí lo antes posible y, lo más lejos posible.
Corría y saltaba riendo exageradamente nervioso y feliz. Sentía que se lo había ganado a pulso, que su intuición debía de haber estado guiada por algún Dios que había sufrido mucho porque de lo contrario no lo habría entendido y menos, ayudado.
Súbitamente reaccionó con normalidad -¡No doy crédito de lo fácil que resultó todo! –Susurró mordiéndose una sonrisa maliciosa –otras veces, con planes más elaborados, no consiguió nada y, esta vez que fue un poco, a lo loco ¡Lo consigo! –Agregó eufórico