El mundo secretos de las lágrimas
Capitulo XXV
¡A medida que voy cumpliendo años, cambio recuerdos por ilusiones! Procura el diablo no se entere que te estas muriendo, para que puedas llegar al cielo… ¡Y, no te olvides; cuando el odio es fuerte, el único que sufre es quien siente el odio! Yo soy como soy, no por lo que hecho; sino por lo que no he podido hacer! ¡Si la juventud fuese importante, iría por dentro! ¡Todo lo que importa, es relativo! ¡Cuando la limosna es grande, hasta el mendigo desconfía! ¡La realidad de esta civilización, me cae mejor, cuando me cae mal! Todas las guerras son iguales, lo único que las diferencias; son las explicaciones. El monstruo o que la vida en paz cuando los demás viven de rodillas. ¡El grande roba a lo grande, y el pequeño, lo que puede!
Cuanta energía, cuanta fuerza en el cuerpo y en el alma cuando saltaba como un corzo por doquier. No existía razón que no pudiera saltar sobre ella ni sin razón. La satisfacción llenaba de aire sus pulmones y, el agotamiento solo estaba en el alma herida, tal vez de por vida, pero resta verlo al momento pensaba que se había fugado de la Modelo de Valencia; de aquel maldito lugar donde habían fusilado a su abuelo y, donde el se consumía día a día. Donde día a día enloquecía en desacuerdo con las leyes mal aplicadas y con los abusos que ocupaban los planos que deberían de ser para la educación y para la rehabilitación.
A diario, recordaba, un camión salía cargado de infelices para ser fusilados, de aquel lugar cargado de mala historia, de dar y de resentimiento. Ellos no habían podido fugarse, ninguno, pero el si y, los llevaba desde niño en el alma a todos protegiéndoles en sus recuerdos.
Llegó dentro de una barriada en busca de un taxis, cogió uno y, le indicó –A la Torres de Serrano. Allí había un bar donde tomaría una cerveza para hidratarse y apagar el fuego que ardía en el estómago.
Tenía claro que no podía aparecer por los lugares de siempre porque la policía le estaría buscando ya, o a punto de hacerlo. Pero no le importaba. Lo importante ahora era tranquilizarse, aclarar sus ideas que saltaban como niños traviesos en el interior de su cabeza y, reencontrarse con el niño de antaño vivo aún en su interior –Haber si esta vez puedo hacer las cosas bien. Haber si lo consigo. Haber si me dejan –Musitaba en silencio el recién hombre libre.
Al entrar en el bar, se sorprendió al ver a Pedro, un recluso que había sido puesto en libertad el día anterior.
-¡Hombre Tamarit, que sorpresa! –Exclamó Pedro estrechándole la mano amistosamente
-¡Que tal Pedro! Me alegro de verte –Saludó
-No me lo puedo creer –Exclamó Pedro de sorpresa –Todos creíamos que tanto tiempo en celda de castigo te había trastornado
-¡Y lo estoy! –Le interrumpió sonriente
-Quiero decir que, todos creíamos que habías perdido la cabeza cuando asegurabas que ibas a salir de inmediato –Aclara Pero, ala, aquí estas.
-Y tú.
-Si. Me parece mentira ¿Qué tomas, amigo?
-Una cerveza
-¡Una cerveza, ché! –ordenó Pedro al tabernero –Y, a mi otro pelotazo
Cuando le sirvieron la cerveza, Luis bebió con ansiedad como si fuese licor restaurador de dioses -¡Que rica exclamó!
-¿Cómo ha sido? –Preguntó el compañero
-Magia, Pedro. Magia –Balbuceó bromista.
¿Qué?
-Magia. No lo entenderías… Discúlpame tengo que hacer una llamada, ya mismo –Razonó cordial para girar sobre si mismo y salir del bar hacia una cabina telefónica frente a éste.
Cuando le dijo a su hermano que estaba en libertad no se lo podía creer –Pasa a recogerme y, ¡Ah! No le digas nada aún a Merche… Quiero que sea una sorpresa –Le advirtió –No tardes. No tardes –Agregó emocionado. Y llegó su hermano tras esperarle una media hora interminable, después de abrazarse se fueron a casa de una tía en el pueblo de Foyos –Ahora voy a ducharme porque estoy empapado de sudor. Tú ve a buscar a Merche, y tráela aquí ¿Vale?
-¡Claro! –Asintió el hermano.
Se metió en la ducha, se enjabonó acariciándose asimismo, tal vez pensaba en las caricias llevaderas de Merche, o aliviando la ansiedad que le pinchaba por dentro aunque sin poder precisar. Donde.
Se secó, se vistió con una ropa prestada de su tío y se sentó en la salita impaciente. Encendió un cigarrillo de una profunda bocanada que envía a su pecho con ansiedad. Le impacientó tomaba vida en la expresión de sus ojos. La espera le pinchaba, le mordía, le asfixiaba.
Cuando llegó el coche conducido por el hermano de Luis transportaba a Merche le dijo con tranquilidad fingida –Ale, ve y entra en la casa-
Mientras el hermano abría el maletero y cogía una bolsa con ropa de Luis
-¿Qué misterio le trae hoy? –Musitó Merche sonriendo suspicazmente
-Toma llévate esta bolsa también – agregó el hermano de Luis
-Tú, entra, y ya veremos ¿Vale? –Insistía.
Luis esperaba sin moverse había oído que habían llegado, pero prefirió esperar como un niño travieso pero lleno de ternura y cuando ella empujó la puerta entre abierta -¿¡Tú!? –Exclamó paralizada
-¡Hola, Cariño! –Susurró rebosante de aquel todo que sentía por ella abriendo los brazos.
-¡Luis, Luis, Luis! –Gritaba abrazándole emocionada. Y después de sentir sus labios sobre los de él con fuerza inusitada se separó para decirle en una mezcla de reproche y de amor
-¿Cómo me haces esto, cariño? Qué está pasando… ¡¿Como es que estas aquí, mi vida?!
Luis no contestó de inmediato la volvió a abrazar…
-Lo conseguí Merche. Me fugué –Dijo emocionado
-Pero… ¡Luis, y ahora que! –Musitaba temerosa
-Ahora vamos a amarnos –Dijo ansioso –Después, ya veremos.
-¡¡Ay, Luis!! Vas a acabar conmigo, cielo.
-¡Si, a mordiscos! –Respondió encantador y, juntos se fueron paseando, la casa estaba en la huerta. Entraron en un campo de naranjos y ahí mismo hicieron el amor como si fuera la última vez, Luis encendió dos cigarrillos juntos y le entregó uno a ella –Ya está Merche, cariño. Volveremos a empezar y…
-¡No nos dejaran! –interrumpió con ansiedad.
-Claro que si. Lo conseguiremos.
-¿Cómo…? ¿Dónde? Te estarán buscando.
-Si, pero no me encontraran. No temas. No te preocupes ahora, mi vida
-¿Cómo no voy a preocuparme Luis –Musitó con miedo -¿Ha Habido heridas?
-¡No! respondió tajante –Fue todo tan fácil que, hasta a mi me parece una chapuza del diablo. Fácil, demasiado fácil… Pero yo lo sabía. Tenía un presentimiento tan fuerte que… No se como decírtelo… Sabía que saldría –Explicaba con ansiedad.
-Relájate –Anima ella sintiendo el grado de ansiedad de su marido –Tranquilízate ahora y después tienes que.
-¡Estoy relajado! –Interrumpe cariñoso –Me encuentro muy bien… ¡Ay, Merche! ¡Cuanto te quiero no sabes cuanto!
-Y yo así. Más que a mi vida –Responde ella acariciándole -¡Ay, Luis! Si nos dejaran vivir –Agrega
Al día siguiente se trasladaron a Picasent. Su madre le informó de que la policía había pasado por el bar preguntando por él. Naturalmente, la madre dijo no saber nada, ni haberlo visto y, calculadora les había dicho –De ser cierto lo que me dice. No crea que iba a ser tan estúpido de venir a Valencia. En ese caso, ya estará en Francia.
Disfrutaban el uno del otro en sus mutuas compañías pero Luis, curiosamente cada día sufría más de ansiedad y sus nervios le pinchaban el alma. La presión ya les empujaba a cambiar de lugar y de vivienda continuamente. No se sentían seguros en lugar alguno. Era como si el destino, después de darle el caramelo, se lo transformase en vinagre, amargándole el paladar.
Vivieron una temporada en Barcelona pero allí se encontraron con un antiguo compañero con fama de chivato, así que para prevenir antes que curar se fueron.
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Luis prefería la muerte, antes que volver a prisión. La vida exige, sin más. Y cuando lo material es escaso, o nulo; exige más. Lo prestado por la familia ya había desaparecido. El dinero vuela, y vuela más cuando uno lo necesita para subsistir. Tenía que hacer algo, ya mismo aunque no quisiera y, comenzó a buscar una pistola en el mercado negro.
-Ahora tienes que irte a cenar, cariño. Yo tengo que buscarme la vida –Le dijo a su esposa –Y luego volveremos a estar juntos.
-Algo tenemos que hacer.
-Yo lo haré, no te preocupes –Animate. Confía en mí. Tú no debes de estar mezclada en nada. Tu, no –Recalca. Y Merche, sumisa y comprensiva se fue con el alma rota dejando a su marido a la intemperie, o así lo temía sola en silencio.
Luis consiguió un Astra 9 mm, largo. Llevó a cabo algunos robos para subsistir y para conseguir documentación falsa con la que quería irse a Francia donde pensaba comprar un fusil-rifle con mirilla y silenciador.
A menudo recordaba las palabras del inspector, Baeza –Nosotros no hemos ido a por ti. Tú has venido a buscarnos – Lo sentía como una advertencia que le mantenía alerta, y en alarma.
Volvió a España con cuanto querría y dispuesto a sobrevivir como fuese. No le faltaba dinero en el bolsillo, incluso para untar a los desgraciados con apariencia de decentes y de legales.
Un conocido policía, amigo íntimo de su cuñada, se ponía a tiro por egoísmo. Era el clásico fantasma dispuesto, a casi todo, con tal de sobrevivir como a él le gustaba y, que no le proporcionaba del todo el sueldo de policía. Con un poco de grasa, mejor rueda, la rueda.
Una tarde, asesorado por la cuñada, se vio con el policía quien nunca prometía nada pero que haría lo que pudiera, siempre a la sombra claro. Se sinceraron hasta donde la precaución exige, claro. Y nació una extraña amistad, que era lo que era. Pero ¿Acaso los demás no son así también? Se preguntaba razonando Luis.
Luis le advirtió que con el no se jugaba, dándole a entender que estaba dispuesto a todo en caso de oler una traición oportunista, a lo que el policía respondió que no creía en nada ni en nadie. Vamos que, el no exponía nada porque no creía en lo establecido. Poco a poco nació una amistad compañeros que llegaba donde llegaba, pero que valía.
De vez en cuando salían en plan familiar, con los niños, comían fuera. Eso si, pagaba todo, y siempre, Luis. Para que todo funcionara.
Por mediación de él, Luis conseguía los documentos de identidad en blanco, cuando lo destinaban a la comisaría de Ruzafa o la del cabañal, Luis sabía que por las tardes no estaban en las oficinas, iba y invitaba a los que estaban de guardia al bar, Juanjo les decía iros y después vamos nosotros mi compañero lo pagará todo. Mientras ellos permanecían en el bar el se quedaba en la puerta y Luis entraba en la oficina y buscaba el cajón donde guardaban las documentaciones vírgenes cogía unas cuantas, y se quedaban a la espera a que volvieran los otros policías.
Hizo amistad con la mayoría de los policías compañeros de juanjo. Éste le dijo que le gustaban unas gafas Ray.Ban que había visto en el economato militar, estaba ilusionado los cristales se oscurecían al Sol. Luis inmediatamente le dijo vamos y compramos dos pares.
Solia falsificar los carnet de identidad en blanco duplicando a otro persona, suplantando todos sus datos, era prácticamente imposible detectar la falsedad de dicho carnet al menos que comprobaron las huellas digitales de la ficha delictiva.
Tenía por costumbre frecuentar todas las comisarías, llevaba su pistola al cinto y practicaba tiro con ellos. Inclusive fue un día a comer al cuartel general de la policía con su mujer y su hija.
En realidad sólo podían reconocerle los del primer grupo, y tenía información de que la mayoría los habían cambiado, además habían transcurrido muchos años y él se las ingeniaba para cambiar con suma facilidad su apariencia.
En el último cambio de identidad se dejó barba bien recortada elegante, y bigote. Vestía bien, y sus buenos modales le daban una imagen de hombre serio y bien educado.
La gente que lo veía en compañía de la policía llegaron a pensar que él también lo era y sonría dejándose querer calculador.
Un día mientras, tomaban una copa en un bar vio que entraba Carmen, una abogada enemiga de lo establecido que luchaba con coraje, incluso contra los abogados negligentes. Era conocida por trabajar gratis para los más desgraciados.
Luis percibió que le había visto y reconocido y, tras disculparse con quienes le acompañaban se acercó a Carmen para saludarla, e impedir a si que lo hiciera ella, calculador.
-Hola, Carmen ¿Cómo estas? No sabes cuanto me alegro de verte –Saludó cordial
-¡Que haces tu con esta chusma! ¿Te has vuelto loco? –Musitó ella sorprendida.
-Son… amigos –Balbuceó el
-¿Amigos? ¡Y una mierda! –Exclamó perturbada -¡Estas para que te tiren…! ¡Al cubo de la basura…! ¡¡Que loco estas!!
-Solo un poco, Carmen.
-Forma parte de un plan ¿He?-
-Mas o menos, ya sabes. La vida obliga.
-Si, no lo dudo pero… ¡Ten cuidado! –advirtió ella preocupada.
-Ven Carmen. Quiero presentarte a mi mujer y mi hija que están esperándome en el coche. Quiero que las conozcas.
-Ella sonrió amistosa mientras le acompañaba hacia el exterior del bar –Estas llevando a cabo el dicho de que, el enemigo cuanto más cerca mejor, para controlarlo ¿He? Cuidado Luis. Cuidado –Advirtió amistosa mientras salía.
Llevaba la mano con suma facilidad a la pistola cuando alguien se acercaba a él, o un coche paraba para preguntarle algo. Curiosamente dentro de las comisarías estaba tranquilo parecía que dominaba bastante la situación, además pensaba quien va a pensar que estoy aquí bebiendo con los policías.
Juanjo pasó a ser inspector anti-droga. Un día vino a verme José María de Málaga y me pidió si podía conseguirle documentaciones normales
-¿Te valen los documentos de identidad que renuevan y se quedan en la comisaría para su destrucción?- Preguntó Luis
-¿Puedes conseguir algunas? –susurró José maría sorprendido
Era tarde de noche, llamó Luis a la comisaría del Cabañal y preguntó si estaba Juanjo, fue el mismo quien cogió el teléfono, le indicó que iba a verle con un amigo
Generalmente el grupito que estaban destinados allí permanecían más tiempo en el bar que en la comisaría esperando el soplo de algún chivato
Entré con mi amigo, y volvimos a salir con una bolsa llena de carnet de gente que había renovado su carnet de identidad. José María se quedó asombrado y acojonado, se preguntaba ¿Cómo es posible? Tan poco seguridad en las comisarías.
Una vez dentro del coche Luis con voz alta mandaba el siguiente mensaje mientras José maría escuchaba
-¡¡Si señores policías, lo siento pese a quien pese es verdad, vosotros siempre me habéis buscado, sin embargo estoy entre vosotros, porque aprendí que al enemigo hay que tenerlo muy cerca, toda la información me es facilitada…!! ¡Yo con invitaciones, regalos, una bota de vino y un trozo de tocino tengo bastante para entrar en las comisarías y llevarme las documentaciones que necesito…! ¡Tengo todas las frecuencias hasta las más ocultas que utilizáis para asuntos especiales, tengo en mi poder el carnet que dais a todos los policías para recordar los códigos que utilizáis por la emisora! ¡Me duermo muchas noches escuchando como la secreta hace seguimientos a algunos delincuentes! ¡Dispongo de los mejores escáneres!
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Pasaba regularmente por la vivienda de su tía, cuya puerta trasera daba a la playa del cabañal, la cafetería de chicas “El Cisne Blanco”, ya no existía. Cuando le visitó un amigo de su hermano, Manolo. Este era un hombre traumatizado que había crecido a base de palizas propinadas por su padre alcohólico que le destrozó la vida. Pasaba por malos momentos reflejados en su cara demacrada con aspecto de hombre callado. Su hermano le apreciaba porque en el pasado ese infeliz le había sacado de un aprieto – Tu hermano me pidió que pasara a verte. Lo estoy pasando mal ¿Sabes? Una racha de muy mala suerte –Explicaba con cierta dificultad –Estoy tan mal que, estoy dispuesto a entrar en cualquier sitio con un palo y… ¿Tienes tu algún plan en el que pueda valerte yo? –Preguntó con cierta cortedad.
-Pues no. De momento no.
-Vaya. Tenía la esperanza de poder participar en algo contigo.
-¿Qué te pasa?
-Pues que estoy jodido –Respondió decepcionado –Tengo que entrar en cualquier sitio y llevármelo como sea
-¡Como sea, no! –Dijo cortante –Así no puede ser… ¿Tienes algún plan, o algo?
-Conozco un establecimiento donde venden lotería, quinielas, y esas cosas. Allí tiene que haber un montón y, solo lo atiende un hombre un poco raro. Podría ser un buen botín.
-¿Dónde está? –Pregunta Luis calculador, y Manolo le dio todo tipo de detalles
-¡Pues vamos a por el dinero! –Animó decidido
Fueron a verlo a pesar de que la esposa de Luis no se fiaba de Manolo y quedaron en hacerlo
Al día siguiente.
-No ves que es un inútil –Recelaba la esposa de Luis –Ese no vale, ni para escuchar que llueve…
-Para lo que tiene que hacer no hace falta que sea un lince-
-Puede fallarte –Insistía, ella
-No te preocupes. A mi me convence. Allí tiene que haber mucho dinero siempre esta lleno de gente.
-No se, no se. Ese, no tiene sangre en las venas
-¡A mi, me sobra! –Exclamó con fuerza y decisión.
Se puso de acuerdo con Manolo en la estrategia. Entrar ambos y bajar las persianas. Él encañonaría a todos los clientes y luego haría lo mismo con el dependiente, Manolo sólo tenía que recoger el dinero y saldrían rápidamente hasta el coche aparcado dos calles mas abajo.
Cuando llegaron al lugar dispuestos a entrar Manolo le sugirió de esperar porque había mucha gente dentro.
-¡Oye, a mi no me gusta dar vueltas por el lugar!- Explicaba Luis
-Ahora, no – balbuceó Manolo
-¡Porqué!
-Porque uno que hay dentro me conoce –Informó señalando disimuladamente a un cliente.
-¡Y a mi, que cojones me importa! Refunfuño contrariado
-No mi caso. Ahora no. En otro momento –Insistió temeroso.
-¡Ve a ver, ahora! Tu, sal de aquí y ve al coche. Lo haré sólo –Recalcó dejándole perplejo, y Manolo obedeció indeciso y confuso. Entonces Luis, se hace a un lado para dejar pasar a dos personas que abandonaban el local, saca la pistola y apunta al empleado.
-¡Dame el dinero! –Ordenó al tiempo que tendía una bolsa –Mételo ché. Rápido
Pero el empleado se agacho para coger un palo grueso dispuesto a defenderse y defender la recaudación dispuesto a darle en la cabeza.
Las personas que quedaban dentro se hicieron a un lado. Hicieron un intento para gritar pero no lo hicieron viendo el gesto del atracador que se lo impedía. Giró rápidamente para esquivar el golpe del empleado y, viendo que se crecía e intentaba atacarle de nuevo, realizo un disparo intimidador hacia su lado.
-¡No te hagas el héroe, o mueres! No seas gilipollas –Sentenció decidido y, ante la indecisión de aquel volvió a disparar al aire obligando al indeciso a que metiera todo el dinero en la bolsa que casi llenó dejándola sobre el mostrador
-Ahora, quietos porque la próxima vez tiraré a dar –Advirtió
Cogió el dinero. Se fue hacia la salida donde unas personas cuchicheaban mirando hacia el establecimiento. Se enganchó al saliente de la persiana y la bajó de un tirón.
-¿Qué pasa ahí dentro? –Preguntó una mujer mayor.
-Nada. Nada-Y presuroso se encaminó hacia donde esperaba el coche aparcado.
Manolo esperaba al lado del coche en vilo cuando Luis llegó con la bolsa en la mano.
-¿Qué? ¡Lo has conseguido! –Preguntó con ansiedad.
-No -respondió tajante –venga métete en el coche y sal, rápido –Ordenó entrando en el coche que salía veloz.
-No me lo creo –Insistía Manolo perturbado.
-Hubo complicaciones. No salió como yo quería, por tu culpa –Recriminó
-¿Por mi culpa? –Preguntó exclamando –No habrás matado a alguien.
-¿¡Te había preocupado a ti, con esa parsimonia tuya!? –Volvió a recriminar.
-Venga ché, tranquilízate. No te pongas así – Musitaba sumiso.
-¡Un par de tiros he tenido que dar! –Mascullaba un tanto excitado –Ve al descampado cerca de la playa –ordenó, y una vez allí después de leerle la cartilla repartió con él el dinero – No debería de darte nada, por cageta. Otro, te habría pagado un tiro en la nuca… ¡No jodas! –Proseguía soltando tensión.
A pesar de que Manolo no era precisamente un talento, decidió usarlo para que esperara a la puerta o, para detalles de escape tendiendo el coche apunto y, con el hizo varios atracos que le iban solucionando la vida.
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Pululaban las ideas en la cabeza de Tamarit calculando la posibilidad de cambiar de vida.
Necesitaba ya el ambiente familiar en tranquilidad porque su hija, que le adoraba, le necesitaba. No iba a ser fácil por muchas razones: por una parte estaba el pasado pisando fuerte sobre toda su vida y, éste desafortunadamente no se podía borrar. Estaban todos los peligros porque, en el presente estaba en busca y captura, y esa realidad coacciona demasiado cualquier intento. Y además todo era muy caro y, el necesitaba algo, un negocio o algo que le permitiera vivir.
Eran muchas las horas para torturarse pensando, buscando una salida poco traumática, especialmente cuando su pequeña le buscaba para jugar. La quería tanto que, cuando más querido se sentía por la niña más triste se ponía pensando en el futuro.
Tenía que hacerlo por las dos mujeres de su vida, su niña y Merche, su esposa porque ambas solo merecían todo. El, no importaba demasiado. Se aparcaba aun lado. Estaba dispuesto a sufrir, con tal que no sufrieran ellas. El lo soportaría como pudiera pero, el sufrimiento de ellas, aunque no decía nada ni dejaba verle clavaban en todas las cruces habidas y por haber.
Pocos habían llegado a conocer la parte noble y tierna de Luis. La tenía y, muy arraigada en la conciencia aunque, la vida no le había dejado exteriorizarlo del todo. Los peligros eran demasiados, tantos como los impedimentos que la vida le había puesto desde el preciso instante en que nació, o así lo creía él.
-¡Ah!, ese espíritu bueno que vive en la buhardilla de mi mente. Cuando le dejaran vivir y ser tal cual es para mi bien y, para el bien de los demás Recordaba cuanto le había dicho hacía mucho tiempo ya Terpy. En aquel momento no había entendido nada pero, sin embargo comenzaba a entenderlo muy bien.
Ciertamente Manolo no le inspiraba mucha confianza. Y no porque fuera traicionero, sino porque era simplón, sabía que no era malo y, admiraba en sus cualidades divinas como el hecho de que jamás criticaba a nadie y, podía ser una tumba para guardar un secreto. Pero después, era tan lento en sus reacciones, tan parado que, a veces le desquiciaba.
Hicieron varios bancos juntos, el se quedaba en la puerta vigilando mientras Luis entraba y se apoderaba del dinero.
Se alternaban bancos con supermercados, uno de los que más a gusto atracaba Luis era uno que estaba al lado del cuartel general de la policía se repitió en cuatro o cinco ocasiones. Pensaba Luis que era donde más confiados estaban. Siempre se escogía el horario del cierre, cuando todas las cajeras reunían todo el dinero en la oficina y contaban la recaudación de todo el día, era el mejor momento, solían cerrar las puertas pero en todos los supermercados solía haber una puerta trasera por donde tiraban la basura los que limpiaban y por donde salían los empleados era el lugar ideal para colarse.
En la zona de Benimaclet había un banco muy tentador se formaban largas colas de jubilados para cobrar la paga a primero de mes, varias cajas trabajaban a la vez, la caja fuerte siempre estaba entreabierta, estaban confiados. Un día Luis entró acompañado de su esposa para hablar con el director y solicitar un préstamo, No era otra cosa que la de entrar y husmear todo el local con detenimiento. Al final del mostrador todo con cristales blindados, en la esquina que daba a las oficinas del director había un hueco entre el mostrador y el cristal de unos 25 centímetros de altura, difícil el paso para una personal normal pero no para Manolo que era extremadamente delgado y pequeño
-¡Manolo he visto un banco que podemos llevarnos un montón de dinero, la caja esta abierta y repleta a primeros de mes, es muy fácil y tiene un fallo! –Le comentó a manolo
-¡Pues le damos el palo!
-Pero deberás de entrar tú y yo tendré que quedarme en la puerta para controlar a la gente, Hay un hueco por donde puedes colarte sin dificultad y los cogemos a todos descuidados – Musitó Luis
-¡No! Tú sabes que yo siempre me quedo en la puerta, sinceramente no me atrevo-
-¡No! ¡Si eso ya me lo tenía! ¡Total que he estado perdiendo el tiempo! ¡Para nada! Exclamó Luis
Manolo y Luis habían robado un SEAT 1430 lo conducía Manolo que tenía una igual de su propiedad, ambos iban disfrazados para atracar un banco, Manolo llevaba una peluca, mal puesta que parecía más bien el sombrero de napoleón, y Luis una barba postiza con su bigote, era por las calles del Cabañal había mucho tránsito, los coches casi parados iban a muy poca velocidad, se cruzaron con un coche patrulla, el de al lado del chofer no paraba de mirar a Manolo
-¡La hemos cagado tío! Súbete por la acera y aprieta el acelerador que van a venir a por nosotros –Exclamó Luis
A penas terminó de hablar que se oyó la sirena y el coche patrulla que daba la vuelta.
Manolo subió por encima de la acera hasta conseguir meterse por otra calle el coche policial pisándoles los talones, pero Manolo demostró ser un buen chofer, además conocía cada calle del Cabañal, enfiló la calle Eugenia Viñez y en una calle transversal, Luis le dijo:-¡¡para aquí!! Vamos en casa de mi tía. La casa estaba a unos escasos cien metros
Fue bajar del vehículo y pegarse cada cual un tirón él a la peluca y el otro a la barba mientras pasó el coche policial a toda pastilla por el lado de ellos.
-¡No sabía que eras tan bueno al volante! –Dijo agradecido Luis
Luis estuvo controlando una administración de loterías de lo mejorcito que uno se pueda encontrar. Se quedaba hasta la hora del cierre controlando y siguiendo a los que salían, tenía localizado al dueño, y se dio cuenta que no se sacaba dinero de allí durante toda la semana, hasta que los viernes pasaba a recogerlo un furgón blindado, pensó Luis aquí debe haber mucho dinero, inclusive se dio cuenta de un fallo que facilitaba la labor. Todo estaba blindado hasta la puerta de entrada, pero alrededor de las seis de la tarde una chica salía para pasar el mocho por toda la parte delantera del lugar de los clientes, tardaba entre dos a cinco minutos, mientras tanto la puerta quedaba entreabierta, eso representaba el momento ideal.
Le explicó largo y tendido todo cuanto tenían que hacer a Manolo
-Manolo, tú tienes que llevar la bolsa donde colocar el dinero, los dedos recubiertos con celofán… Yo como hace calor y para no levantar sospechas porque estaré al lado de la administración no llevaré ni celofán, ni guantes, sólo mi barba postiza y las gafas de vista con cristales naturales, Me sigues, no puede haber ningún fallo, aquí lo que vale es el factor sorpresa –Entendido le preguntó Luis
-Si, eso esta chupado –Musito Manolo
-Quiero insistir bastante sobre el asunto, tú deberás de estar al otro lado de la calle justo en la parada del autobús, yo repito estaré, al lado de la administración, cuando salga la chica, nada más salir ráscate la cabeza insistentemente, yo quedaré pendiente sólo de ti, entonces entraré sin fijarme con la chica ni con nadie, encañonaré los allí presentes, e inmediatamente sin perder ni un segundo cruzas la calle metes a la chica de la limpieza dentro que estará preguntándose que es lo que esta pasando, la metes dentro cierras la puerta tras de ti y llenas la bolsa de dinero, se trata de una calle muy transitada y enfrente esta el bar con su terraza llena de clientes, pero tenemos a nuestro favor el factor sorpresa, en dos minutos hemos terminado y estaremos en la calle… -Hizo hincapié Luis recalcando sus palabras
Se dirigieron al lugar con el coche propiedad de Luis que aparcó varias calles más lejos. Cada cual se situó en el lugar convenido, el momento antes de entrar era cuando Luis estaba más nervioso, luego una vez iniciado todo mostraba sangre fría se tranquilizaba. Manolo estaba en la parada del autobús pendiente de la administración, Luis en la esquina desde allí no podía ver el interior de la administración. Ve a Manolo rascarse la cabeza, Luis sin pensarlo se dirige directamente a la puerta y se introduce dentro un hombre que se dio cuenta intentó bloquearle el paso, Luis sacó la pistola y los encañonó a todos, su mirada se dirigió de forma automática hacía la caja fuerte, la llave estaba puesta, mientras tanto Manolo cruzó la calle metió la chica dentro de la administración y se quedó fuera, Luis seguía esperando a que él entrara. Mientras tanto cuando volvió la vista a la caja fuerte la llave no estaba se acercó al dueño, le enfocó la pistola en la cara y le dijo tienes tres segundos para abrir la caja o te mato, mientras empezaba a contar ¡Uno! ¡Dos! Ya esta dijo el hombre temeroso, ya esta abierta, quedó entreabierta y estaba llena a rebozar. Luis intentó abrir un poco más y retiró la mano enseguida recordando que no llevaba celofan en los dedos. Y manolo que no entraba. Mientras tanto Luis veía por la ventanilla como Manolo estaba armando un revuelo de miedo ¡¡¡Que viene la policía!!! Gritaba al tiempo que hacía gestos de salir del lugar. Preocupado por los gritos de Manolo y tentado por todo el dinero que estaba allí. Pensó, si me quedo y llega la policía no podré salir de aquí y salió se quedó parado mirando a manolo histérico
-¡¡¡A quien coño tienes miedo, a esta gente que esta mirando!!! ¡¡¡Tú los has alarmado con tu miedo!!! –Gritaba con rabia
Luis estaba desquiciado y con ganas de volver a entrar pero toda la gente estaba alborotada gritando
-¡¡¡Ladrones!!!
-¡¡¡Atracadores!!!
-Te mereces que te pegue un tiro, no se ni como te llevo conmigo, eres demasiado miedoso, tú chica tiene razón cuando dice que tienes más miedo que siete viejas juntas –Dijo Luis enfadado
Ciertamente, le decía su chica que tenía miedo y era porque como sabía que Luis actuaba sólo ella, que sólo quería a manolo por su dinero, intentaba herirle en su amor propio para que atracara también solo y así aumentar los beneficios para ella y sus dos hijos
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A pesar de todo Luis, apreciaba a Manolo el cual siempre estaba dispuesto a hacer un favor. No se le podía dejar solo por mucho tiempo porque podía jorobarlo todo. Le veía como un desequilibrado emocional.
Un día tardaba y, decidió ir a su casa a buscarlo. La madre de este que no estaba mejor que él le abrió la puerta.
-¿Y, Manolo? –Preguntó
-Por ahí anda. La ha emprendido a tiros con su hermana y conmigo –Dijo la mujer malhumorada sorprendiendo mucho a Luis que no entendía como dentro de casa hubiese fallado en caso de ser cierto lo que decía su madre.
Cuando lo encontró sentado sobre la cama visiblemente hundido le explicó que solo se había escapado un tiro mientras limpiaba la pistola y, que cuando eso había ocurrido estaba solo el la habitación, el enseñó el impacto del proyectil allí mismo.
Manolo era demasiado vulnerable. Su novia amaba más el dinero, que a él. Esa era una de las razones por las que jamás tenía un duro. A Luis le causaba ternura y mucha pena por eso le pasaba tantas cosas.
Le propuso hacer un atraco en un supermercado que Luis había atracado en varias ocasiones solo, le tenía un especial cariño porque era el más cercano al cuartel general de la policía. Ese día había pasado por donde vivía con su chica por casualidad con su mujer y su hija. Antes habían bebido unos copas porque Manolo estaba deprimido, pero luego estaba que se comía al mundo -¡Venga, coño! Hagámoslo ahora –Animaba Manolo a Luis que a veces necesitaba que le animaran poco, a pesar de las copas bebidas lo llevó a cabo con éxito a pesar de la oposición de su mujer.
Se fueron a por el supermercado como de costumbre Luis entró y se dirigió a la oficina principal. Allí había un hombre sentado frente a una mesa rodeado de las cajeras con todo el dinero encima de la mesa, un vistazo rápido llevaron la mirada de Luis a los billetes de 10.000 pts y los de 5.000 pts, había un buen montoncito. Luis le tiro una bolsa y le ordenó que metiera todo cuanto había sobre la mesa dentro. Conforme hacían la retirada Manolo cogió dos jamones
-¿Qué haces con esos jamones?
-¡Uno para ti y una para mi!
-¡Anda aligera que tenemos que salir de esta zona cuanto antes! -Exclamó Luis contrariado
Llegaron a su casa donde estaban ambas mujeres y los niños. Luis tenía una fuerte jaqueca le dijo a manolo que guardara la bolsa con el dinero y que fuéramos a pasear haber si se le pasaba algo ese maldito dolor de cabeza.
Manolo estaba inquieto entraba y salía de su habitación, pero Luis no prestó más atención
Bajaron a pasear y se sentaron en la terraza de un bar, Luis tomó una fanta de naranja al rato volvieron a subir al piso.
-Venga, que cuenten el dinero nuestras mujeres, yo no tengo ganas no se me va esta jaqueca –Propuso Luis
Hicieron dos partes y el deseo de luis era marcharse cuanto antes relajarse y ponerse una bolsa de hielo en la frente
-¡Toma el jamón! -Esto a sido obra mía dijo bromeando Manolo
A la mañana siguiente Luis abrió la bolsa para coger dinero y dijo: -¡¡Joder!! Te han dado toda la chatarra, si no hay ningún billete de 10.000 pts ni de 5.000 pts
-Cariño, no había ningún billete de 10.000 ni de 5.000 –Dijo Merche
-¡¡Hijo de puta se va a enterar Manolo!!
Se puso la pistola en el cinto y se fue a casa de Manolo, tocó al timbre
-¿Quién es? –preguntó Manolo
-¡¡Baja ahora mismo, y no hagas que te lo repita!! –sentenció Luis
-Ahora bajo –Balbuceo Manolo
Bajó cabizbajo no hizo falta que Luis llegara a decirle nada
-¡Pégame un tiro si quieres pero no se que me pasó por la cabeza te doy todo lo que te corresponde! –Explicó con las lágrimas en los ojos
¡Venga dame lo que me debes y olvídate de mi se acabó no hacemos más cosas juntos, esta puta que has recogido solo le interesa el dinero y sé que es obra más bien de ella!
La chica con la que estaba, o mejor dicho la que le chuleaba le había abandonado.
A partir de aquel momento parece ser que había comenzado con la heroína, lo cual preocupaba en exceso a éste.
Fue a verle y lo encontró con la jeringuilla clavada en la vena. ¡Que haces, hombre!
Manolo visiblemente deteriorado le miró sin decir nada.
Hasta una de las pistolas que tenía la había vendido porque no tenía dinero. La pena se reflejaba en la cara de Luis pero tenía que dejarlo atrás porque no podía correr ningún riesgo innecesario.
Luis pasó a ver a Juanjo el policía por su casa, le preguntó a su mujer que dijo:
-¡¡Calla que no sale del water!! ¡¡Va de canaleras, no sabes la que ha liado Manolo!! –Comentó alterada su mujer
-Explícame ¿Qué ha ocurrido? –pregunto Luis con buen grado de preocupación
-Ha venido aquí abajo al bar y le ha metido la papelera en la cabeza al camarero iba borracho y con la pistola en la mano, luego se metió por la avenida del puerto pegando tiros y con una rueda pinchada del coche, varios coches patrulla iban detrás hasta que lo han detenido totalmente borracho –Aclaró Fina
-¡La ostia, con Manolo! –
Momento en que llegó Juanjo de la comisaría para sacar información por miedo a que se fuera de la boca
-¿Que sabes Juanjo? –Preguntó Luis
-Le han preguntado de donde ha sacado la munición tan nueva que llevaba, su contestación a sido que le gustaba limpiarlas –comentaba el policía
-Mantenme informado e cualquier cosa, yo tampoco estaré tranquilo hasta las setenta y dos horas, aunque no creo que diga nada, pero el miedo es libre y estas horas serán jodidas para mi también –Musitó Luis
Al día siguiente volvió a pasar a ver a Juanjo, para que le informara de cuanto sabía sobre Manolo
-Ya pasó todo, se ha hecho el tonto, ha dicho que en una pared de la estación del tren del Cabañal, estaba la pistola y la munición envuelta en unos trapos y que al cabo y al fin a sido un encuentro, que el no es ningún ladrón, ya lo han trasladado al juzgado e ingresado en prisión –Explicó Juanjo satisfecho
Pasó el tiempo y Manolo cumplió condena por tenencia ilícita de armas. Luis pasó un día por casa de su madre y se detuvo a saludarlo, le dio muy mala impresión, siempre estuvo delgado muy delgado, pero estaba demacrado enganchado a la heroína, le dio la sensación a Luis de que divagaba cuando hablaba con él, decía: -Yo voy a recoger patatas y cebollas al campo no voy a ser menos que los moros que vienen aquí, Luis notaba que le temblaba la mandíbula, y su mirada estaba pérdida y apagada, salió con el corazón encogido se llevó muy mala impresión. Al poco tiempo tuvo la desgraciada noticia que se había suicidado. Luis siempre lo tuvo en su pensamiento, la vida tampoco fue muy generosa con él.
Aquella noticia dejó muy mal a Luis durante mucho tiempo.
Durante un tiempo se dedicó a devorar libros de astrología. En ellos intentaba buscarle sentido a su vida y razonar de alguna manera lo que le había pasado, y lo que le esperaba por pasar.