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El mundo secretos de las lágrimas

Capitulo XXVI

La vida le pesaba cada vez más y, cada vez que hacía un atraco, sentía incluso que le estorbaba.
La idea de dejar esa vida cada vez le envolvía más. Había juntado cierta cantidad de dinero con la idea y la esperanza de hacer algo diferente, de lo llamado decente por este mundo, indecente, cínico y absurdo.
A menudo se enfrentaba a si mismo a través de la conciencia como el problema fundamental en psicología que, no es saber porque el necesitado roba, sino porque no roba.
La realidad de, su esposa, e hija le daban fuerzas para intentar el cambio.
Se fue a una roca cerca del mar y lanzó su “puro”, 9mm largo. Su compañera de muchos años, su fiel amiga de culatas de olivo a la que amaba, y que el mismo empavonaba, hacía las piezas y las templaba con aceite de linaza. La había tirado, no porque iba a dar un giro a su vida, que lo habría hecho; sino porque en uno de los últimos atracos, un hombre con complejo de héroe se le abalanzó y no tuvo más remedio que dispararle. Había sido inevitable dispararle y atravesarle a balazos para salvarse asimismo.

                                                                  En España se ayuda a triunfar  a quien no tiene razón, ni cualidades; por el único placer de humillarle después, por las mismas razones. ¡Solo cuando se pierde la razón, la ciencia nos conduce al conocimiento de la razón! Mátame si quieres pero, si lo haces, hazlo mal; tal cual mata, la justicia… ¡Nunca es fiesta para la justicia y el dolor! La cadena de la vida precisa de mucha muerte. ¡El hombre abusa del hombre, como si fuera el último inquilino de este planeta! Algunos son, como cocinan; con prisa y sin gusto. ¡El iluso acierta, cuando rectifica!

                                                                             Por fin decidió construir en el campo un edificio para una granja de conejos, y dos viviendas: Una para sus padres, y en la otra, su esposa e hija y él.

                                                    La ilusión había abierto la puerta de su alma, cuando llamó, y la esperanza había entrado dispuesta a instalarse, al fin. De todas formas, no tenía muy claro a quien dar las gracias, después de tanto de todo; si a Dios, o al diablo. Ninguno de los dos le había hecho caso cuando, en diferentes ocasiones les había aclamado.
Llegar hasta allí había sido, pena tras pena, injusticia tras injusticia y, dolor para todos. Pero la vida atenta espiaba, como lo había hecho siempre y, Luis temía aquello que le había dicho aquel hombre bueno, Terpy –Nada es porque si –Aquello que lanzas al aire, siempre vuelve a uno, ya sea, bueno o malo-

                                 Se esforzó, sin límites. Trabajó todas las horas del día por sacar aquel negocio adelante. Era tanto lo que había que hacer que participaban todos con alegría.
Luis cuidaba cada detalle. Lo tenía todo apunto y, mimaba a los animales como si fueren su salvación.
Cuando no podía más y sentía que tenía que aliviar su cerebro subía a la montaña y practicaba el tiro. Gozaba de todo cuanto le rodeaba, especialmente de su esposa e hija. Con ésta última jugaba sintiendo la felicidad y el gozo de la niña que, sin saberlo le devolvía al padre mucho más multiplicado por diez. Así lo sentía Luis en su corazón.
-Tanta felicidad, no debe ser bueno. Puede que llegue a ser pecado –Pensaba él muy a menudo temeroso de que algo llegara a interrumpirlo.

                                                                               A poca distancia de allí Luis acudía a tomar una cerveza y al garaje a revisar el coche. El propietario era un hombre muy cordial y astuto, de su edad más o menos, con quien congeniaba muy bien. Las cosas no parecían irle muy bien pero él aguantaba como un jabato.
Hablaban y hablaban, y aquel mecánico se entusiasmaba escuchándole aunque nunca le habló en realidad, sino que dialogaba en general.
-Tú tienes mucho mundo. -Le dijo envidiándole.
-Casi mejor así –Respondió Luis –El mundo no guarda demasiadas cosas buenas.
-Bueno, eso lo dices porque ya lo has vivido
-Eso lo digo… Si porque lo he vivido –Admitió Luis en doble sentido –Será porque te van las cosas bien. A mi no.
-No demasiado bien –Musitó –Últimamente se me están muriendo los conejos se han contagiado de la mixomatosis. La infección lo más probable era que se murieran todos.
Aquella noticia le había preocupado mucho. Hizo cuanto pudo a pesar de sus esfuerzos la muerte se los llevaba a diario y el negocio, aunque no era prospero se iba a pique.

                                Se acercaban las Navidades y Luis se fue de compras detalles para el árbol de Navidad que había instalado para su hija, y algunos regalos para la familia. Con los últimos gastos y con la pérdida de casi todos los animales había mermado mucho. Además, en cuanto pasara la infección tendría que desinfectar la nave, y comenzar de nuevo comprando animales sanos ¿Pero con que dinero?

                               Pasó a cambiar el aceite del coche, por el garaje. El mecánico le confesó que estaba pensando en cerrar y, Juan que era como se llamaba el mecánico, le invitó a que pasara con su mujer e hija por su casa

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                                   Se presentaron en casa de Juan, en el salón charlaban animados aunque a ratos se dejaba ver la preocupación en los rostros de unos y de otros, mientras los niños jugaban felices y animados.
-No se os ve muy animados –Dijo Luis
-Bueno… Mi marido y yo estamos muy preocupados –Informó la esposa del otro.
-¡Que estamos a dos velas! –Reforzó el marido
-Todos pasamos por eso, un día u otro –Musitó Merche en tono amistoso –Todo se arreglará –Agregó
-¡Claro que se arreglará! –Exclamó Luis sonriente -¿Hay algún supermercado importante por aquí? –Preguntó Luis
-¿Por qué? –Dijo Merche suspicaz
-Porque creo que debo comprar unos detalles.
-Aquí han hecho un supermercado inmenso hace poco, cierran a las nueve –Informó la otra.
-Pues voy a ir allí un rato. Venga acompáñame tú –Dijo dirigiéndose a Juan, el cual cumplidor se incorporó servil
-No necesitamos nada para esta noche, cariño –Susurró Merche intentando detenerle.
-Son solo unas cosas. No te preocupes. Ahora venimos. Venga vamonos –Y los dos hombres salieron dejando atrás a Merche cabizbajo aunque disimulando como podía.
-Nos vamos en tu coche ¿Te parece? –Opinó Luis frente a la casa dirigiéndose hacia el coche del otro
-Bien, como quieras. Y los dos subieron al SEAT 600 de Juan que condujo hacia un amplio súper mercado
Luis le indicó que parara el coche dos calles más abajo.
-Pero…están cerrando –Musito Juan sin entender
-Tú quédate en el coche, que vengo enseguida
-Espera que aparque y voy contigo
-No, no es necesario. Espérame ahí, no tardo nada

                                                                   No había transcurrido mucho tiempo cuando Luis fue divisado por Juan a través del espejo retrovisor. Luis parecía preocupado cuando abrió la puerta del coche portando una bolsa en la mano.
-Pero no entiendo estaban bajando las persianas al pasar -Informó Juan
-Venga, vamonos.
-¿Has encontrado lo que buscabas?
-¡Venga, coño! Vamonos de aquí. Rápido-
Y Juan obedeció sin entender la actitud de Luis que miraba hacia atrás con cuidado
-¿Perdona, pero pasa algo? Insistió Juan preocupado, ante la actitud del otro.
-Ahora te lo cuento en casa. Sigue de prisa y, no te preocupes.

                                                                        Cuando llegaron frente a la casa, se bajó y dejó que el otro aparcara y juntos entraron en casa.
Merche le miró al tiempo que tragaba saliva aliviada. Luis se acercó a ella la besó en la mejilla y luego dejó la bolsa sobre la mesa –Sácalo, y dividirlo en dos –Dijo animado

                                                                       La mujer de Juan no salía de su asombro cuando vio el contenido de la bolsa -¡Coño, cuanto dinero! Exclamó mientras su marido suspiraba sin saber que decir.
-Hacer dos partes iguales – volvió a ordenar Luis – Ya tenéis dinero ¡¡Feliz Navidad a todos!!
-¡Pero, Luis! ¡No doy crédito! –Masculló Juan -¿Cómo has podido hacerlo tan rápido y…?
-No especules. Tendría que explicarte muchas cosas, y no se si las entenderías… Esta fue una forma de salir del apuro, solo eso, sin más.
-Pero no es justo que lo repartas con nosotros –Dijo la esposa del otro alucinada.
-¡Claro que no! –Reforzó el mecánico.
-Claro que si. Además te lo mereces –Aclaró decidido-
Durante un buen rato el silencio se apoderó del ambiente. Luego Luis le pidió a Juan que sacara alguna botella de champagne y unas copas, las llenó -¡Porque la vida no nos coma a destiempo –Brindo, y todos bebieron.

                                    ………………………………………………….

Tras aquel incidente nació una amistad entre las dos familias. Juan parecía que levantaba cabeza porque el trabajo se animó, y Luis decidido buscó trabajo, animado por Merche, de fontanero, a un que de vez en cuando para pagar cuanto se debía, y vivir sin desearlo tenía que hacer algo obligado, como el lo razonaba.

                                                                      Vivía más bien humildemente con su mujer y su hija con la esperanza de salir a flote, mientras trabajaba como fontanero porque no quería depender exclusivamente del robo. Su padre falleció
Meses después cayó en una profunda depresión porque no veía futuro con cuanto hacía. Sabía que le habían intervenido el teléfono, y que lo tenían localizado. Su vida era un  sin vivir, pero aguantaba consumiéndose por dentro. Se sentía incapaz de reaccionar la depresión se lo impedía. Su esposa le contradecía animándole. Asegurándole que nadie conocía su paradero cuando una mañana sonó el timbre de su casa. Luis se preparaba para acompañar a su hija al colegio. Se quedó paralizado al volver a oír el timbre llamar –Ya están aquí – Dijo
Su mujer abrió la puerta. Eran los inspectores del primer grupo. Los policías habían rodeado la casa. Baeza el jefe de antaño ya no estaba. Al parecer le había encargado a quienes le sustituyeron que cuando lo detuvieran les dieran recuerdos de su parte.
Se portaron muy bien cuando lo detuvieron. No hubo ningún tipo de maltrato. Moreno, que había ocupado el puesto de Baeza Ya lo conocía desde que era un simple inspector, fue el autor del descubrimiento del atraco de Palma el que lo relacionó todo…
De nuevo se hundía la tierra bajo sus pies, y la vida continuaba
Luis nunca entendió como no fue capaz de reaccionar. Una fuerza interna le paralizaba, exactamente el polo opuesto de la intuición de cuando se fugó de la Modelo. Y una especie de resignación momentánea le apaciguó. –Debe de ser ese maldito destino que diseñaron para mi al nacer –Pensó con lástima –Es inútil intentar cambiarlo porque, no se debe de poder ir en contra de los dioses –Agregó razonando en silencio mientras lo conducían al coche patrulla.
Merche le abrazó con entereza pero cuando se quedó sola lloró amargamente sintiendo ella también que algo no debería funcionar bien en el cielo, aún entendiendo cuanto debía de entender –Una vez más se oscurece mi vida. Se apaga la luz y, sabe Dios cuando se volverá a encender, para que pueda ver, la vida –Razonó sin decir nada, mientras abrazaba a su hija, inconsciente de cuanto pasaba, aunque sin entender porque unos señores se llevaban a su papá con las manos esposadas, y se negaban a decirle a donde se lo llevaban y, cuando lo traerían de vuelta para que la llevara al colegio.