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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo III

Pasó Luis, de puntillas por la vida; por la niñez y por la primera juventud. La anomalía se reflejaba en todo. Su norte no se apreciaba en nada y a medida que iba creciendo los cuatro puntos cardinales de su ser se fundían perdiendo toda la esencia.
La inmadurez era fiebre sobre la fiebre de la propia fiebre. El resentimiento había ocupado el lugar del afecto y del amor. Ni tan siquiera la amistad, había germinado realmente en su vida. Solo se veía rodeado de desequilibrio y sin ilusiones a las que agarrarse.
El miedo a cuanto le rodeaba, al desamor y al desamparo habían creado en su cerebro síntomas de rebeldía que ocultaban los síntomas reales de miedos escondidos en sus entrañas.
En el escenario de su vida se representaba una obra repetitiva, sin autor que la firmara.

                       Su madre, a la que necesitaba respetar no dejaba de lamentarse reiteradamente de la catástrofe que el franquismo había ocasionado en su vida y en la de los suyos. Ponderaba a sus hermanos a quienes consideraba víctimas al igual que ella misma y a su padre fusilado por los dominantes. Manolo y Aurelio estaban siempre en su boca. Representación que necesitaba ver y sentir en sus hijos, aunque uno de ellos fuera niña.

                     Su tía fue a Francia con ciertas noticias locas, como cuanto había pasado en España o, seguía pasando. Luis sentía a España como lugar nada suyo, puesto que no sabía hablar el español, sólo hablaba valenciano y francés.

                                                                                        Se hablaba de un tesoro escondido en ciertas casas y en el recinto del ayuntamiento. Se decía que oro, joyas y cosas de valor habían sido enterrados con idea de ser rescatadas.
La tía explicó que habían escavado pero que nada se había encontrado. El tesoro había desaparecido -¡Pero, que tesoro! –intentaba razonar el joven Luis que no atinaba a entender y menos razonar aunque tampoco, en el fondo, tenía gran interés por entender nada del pasado, ni de la patria que le había torturado.
La madre comentó como había visto a sus hermanos meter en latas de conserva vacías cosas de valor con destino a ser escondidas. La madre tan solo lo había visto por pura casualidad, y nada más pudo ver porque la echaron de allí de mala manera alegando mil razonamientos e incongruencias.
La tía explicaba a trompicones que, efectivamente los agujeros existían pero aparecieron vacíos.

                        Cuando la madre hablaba de sus hermanos, solía decir. -Recuerda Luis –Si le hubiesen hecho caso a Manolo ahora estaríamos todos bien situados. Este parece ser que había advertido que la guerra se estaba perdiendo. Que había que ser realista. Que existía el oro y las cosas de valor y una avioneta preparada para salir para Francia. Otros al parecer habían escondido, parte de todo ello, en paredes y suelos en diferentes lugares, pero Aurelio preso del orgullo de sus creencias se negaba a huir, ni a rendirse. También se había opuesto con firmeza, el abuelo.
Los recuerdos de los demás, incluidos los de su tía aseguraban que cuando los franquistas estaban cerca, Jesus y Aurelio se fueron con el camión que guardaba el valor material. Nunca más se supo en España de ellos pero curiosamente Jesus era ahora un hombre adinerado en Francia con gasolineras y flotas de taxis; mientras Aurelio había desaparecido de la faz de la tierra.
Nada quedó para la familia como no fuera la muerte y la miseria para los que sobrevivieron. Para el joven y poco informado, Luis; ni eso. La nada de la nada.

                                   El hermano mayor de Luis se animó a volver a España dispuesto a conseguir algo. Alguien conoció que le perturbó. Faltan detalles pero, parece ser que hizo un atraco a una joyería. Más tarde lo detendrían en Zurich al intentar vender la mercancía. Luis se aventuró a ir a Zurich a ver a su hermano con su madre, la tía.
Lo extraditaron a España y encarcelaron en la prisión de Valencia. La madre desesperada quiso vender la casa que había conseguido tener en Francia para ayudarle. Su hermana casada allí decidió quedarse. El resto de la familia regresaba a España, y Luis se apuntó decidido.

                        Corría el año 1970. Luis a duras penas hablaba español. La guardia civil detenía a un famoso delincuente “El Lute”. Pedro Carrasco se proclamaba campeón de España de pesos ligeros. José luis López Vázquez rompía moldes protagonizando una película “Mi querida señorita” en la que interpretaba a una mujer y, el desconocimiento y confusión mental volvía a ponerle a reto.

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El símbolo de la semilla lleva directamente a los misterios de Eleusis, en los cuales el iniciado estaba simbolizado en el grano de trigo echado y sepultado en el suelo para que germinara y se abriera, con su propio esfuerzo, un camino hacía la luz.
La espiga de trigo de los Misterios de Eleusis es símbolo de resurrección. El grano que muere y que nace representa la iniciación. El misterio está representado en Egipto por la muerte y resurrección de Osiris: uno de los emblemas de este Dios es precisamente la espiga de trigo.
Cada hombre lleva dentro de si una semilla de luz, una estrella que por la ley de la armonía universal ansia unirse a sus semejantes. Saliendo de la oscuridad que le envuelve, se esfuerza, como una planta, por llegar a la luz.
Este anhelo enraizado en él le llama incesantemente, no le deja sosiego alguno. Y así lucha y busca., aunque ello conlleve a menudo sufrimiento, pues el camino hacía la luz está sembrado de obstáculos que han de ser superados. Estos obstáculos no son negativos ni enemigos, más bien hay que verlos como oportunidades que la vida brinda para medir fuerzas y a través de cuya superación se aprende a crecer.
Imaginemos que todo nuestro Universo conocido, tanto material como espiritual, tanto exterior como interior fuese la evolución y el desarrollo de una semilla en la cual, desde un principio, estaba grabada toda su potencialidad. La ley, ese código inscrito en la semilla, tiene como esencia una voluntad que la impulsa a su propio cumplimiento. Es decir, la semilla de una rosa tiene como ideal, el ser rosa. Esta es su verdadera voluntad. Y así ocurre con todo. El universo entero, las personas, así como sus infinitas manifestaciones, sigue y cumple un plan de desarrollo y funcionamiento que expresa una ley omniabarante. Se puede decir que el ideal, es decir, la voluntad individual inscrita en cada detalle del universo, no solo limita a cumplir su misión individual, sino que automáticamente aporta su necesaria contribución al funcionamiento de todo lo demás.
Observando este funcionamiento en la naturaleza se puede decir, que en general, el noventa y nueve por ciento de las manifestaciones sigue fielmente su ideal sin apartarse del camino trazado por él.
Parece que sólo el hombre es aquí la gran excepción
El hombre se aparta del mundo, se vive a si mismo como algo escindido y comienza a sufrir. Ya solo es capaz de identificarse consigo mismo, con una parte, en lugar de con la totalidad. Solo si se encuentra y se identifica, al completo, habrá alcanzado su verdadera meta, y con ello habrá cumplido con el ideal inscrito en la semilla de su ser. El equilibrio dinámico, del todo, del que todo emana se encuentra en la semilla, en su memoria, en su todo completo…”La tierra que, sola, cría a todos los seres y los alimenta, de ellos recibe otra vez el germen fecundo” Esquilo supo mucho al respecto y, muchos saben poco de algo tan indiscutible.

   

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