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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo V

 La sala hervía entre música y colores, los focos colocados en puntos estratégicos cambiaban formas de decoración y hasta la apariencia de quienes llenaban el ambiente.
Se acercó a la barra atendida por jóvenes mocitas de aspecto extranjero y pidió un cubata con coca cola.
-¿Te lo vas a tomar solo o, prefieres compañía? –pregunta una de las empleadas.
-¿Qué clase de compañía? –preguntó Luis sin emoción visible como si el todo que le rodeaba fuera el pan de todos los días para él.
-Lo que tú prefieras. Puede ser una chica o, un chico –informa ella con naturalidad
-No, déjalo –rechaza él sonriente –Ya me lo buscaré yo en todo caso –se dispuso a mirar a su alrededor con ojos examinadores. Pero él también era examinado cuando el ambiente advierte carne fresca y nueva.
-¡Que solo estas! –Exclamó una rubia platino de unos treinta años muy bien pintada a pesar de que algunos llamarían, maquillaje –Ven, sentémonos en aquella mesa, hombre –sugiere la platinium señalando al frente al tiempo que le coge mimosa por un brazo y comienza a caminar sujetando el cubata en la otra mano. Al llegar se sienta frente a una mesa redonda y pequeña que a duras penas levantaba treinta centímetros del suelo.
-¿No serás tú la sola? –pregunta Luis en tono encantador.
-¡Que va! Yo jamás estoy sola… No me soportaría –aclara forzando en Luis una leve sonrisa pretendiendo ser tolerante, sin más.
-Eres nuevo por aquí ¿he?-
-Depende lo que entiendas por nuevo-responde él muy fríamente provocando en ella un cierto interés precisamente por la falta de interés aparente frente a ella.
-Bueno… Si quieres cuando terminemos la copa podemos jugar un poco, arriba- Sugiere ella.
-¿solo jugar?-
-Ni nada menos que jugar. En el juego está el todo para después- Aclara calculadora y misteriosa al tiempo que hace una seña disimulada mirando hacía un lado, que así y todo no le pasó desapercibido a Luis. Y al momento se acercó a la mesa dispuesto a tomar asiento al otro lado de la mesa a un joven de unos veinticinco años de aspecto un poco afeminado.
-¿y este?- preguntó delicado Luis
-Es amigo de los buenos- responde- El, tu y yo nos lo podemos pasar muy bien- aclara
-¿Los tres…?- Más bien no.
-¿Porqué no, prenda?- pregunta el otro mirándole pasivo- Mientras tu te lo montas con ella, yo te como la polla,  ¿sabes? Después mientras yo te…
-No te esfuerces- interrumpe- No estoy interesado.
-¿Por qué no, tío?- pregunta ella sorprendida- se juega mejor entre tres que…
-No, hoy no- vuelve a interrumpir Luis
-¿Miedo?- pregunta el chico
-No exactamente
-¿Poco?- vuelve a preguntar el mozo -todo puede ser extensible. También me la puedes comer tú a mí si lo necesitas.
Por un momento Luis no responde. Luego recoge el vaso de la mesa y se va sin decir palabra dejándolos atrás, sin más.
Al llegar al mostrador se sienta en un taburete, el único que había libre al lado de una morenita con cara de pena que bebía en silencio. Ella le mira de reojo y el lo percibe pese, al ver que nada dice, vuelve al gesto de pena la aborda en tono bajo
-¿Te ocurre algo?
Ella ladea la cabeza para mirarle mejor antes de responder- De todo, como a ti, como a todo quisqui, ¿o no?
-Bueno, no se que decirte
-Claro que no. Además de que sirve decir por decir- aclara ella
-Tienes razón.
-Tu también tendrás la tuya para estar aquí sentado, como yo. Como cada quisqui con que nadie comentaría nada
-¡Qué extraña eres niña!- balbucea cansino
-Como cada quisqui- responde semi sonriente-  ¿me invitas a una copa?
-¿Alternas aquí?
-¡Claro que no! Yo jamás bebería una copa si no me apeteciera
-Entonces te invito-
Ella sonríe luego hace una seña y una de las empleadas le pone una copa a cada uno.
-¿Eres extranjero? ¿Eh?
-No, soy de aquí- responde sin más
-Bueno tienes razón. No es algo que me importe.
-Crecí en Francia, eso es todo- aclara cumplidor con cierta desgana.
-Entonces ¿para que has vuelto a esta mierda de país? Yo deseando perder de vista todo cuanto me rodea y tú que vivías fuera vuelves- razona en un hilo de voz.
-¿Tienes problemas?
-¡Claro!, como cada quisqui minimamente inteligente, en este país de ilusos- responde malhumorada
-No era mi intención malhumorarte
-No eres tu- se apresura a aclarar- es todo, este régimen dominante, la mentalidad del pueblo como
-Cada quisqui- interrumpe con cierta gracia provocando en la cara de pena una sonrisa por primera vez con cierto brillo.
-No estoy loca por sentir como siento, ni por venir aquí a tomar una copa- susurra amistosa- es que a los zoquetes del pueblo claro. Me refiero a los sumisos del pueblo ¿me entiendes? Aún los desprecio mucho más.
-Como que te entiendo, al fin.
-No se si me entiendes porque normalmente nadie lo hace. Todo el mundo confunde la velocidad con el tocino cuando la realidad es que nada es lo que parece.
-Tienes razón.
-¡Claro! que la tengo pero mientras viva el gallego, solo la tiene él…Puede que algún día la verdad pueda con propiedad de cada individuo, algo a exponer y a debatir con la naturalidad con la que uno viene aquí a tomar una copa o, a buscar un polvo o…lo que sea.
Luis apura el último sorbo para dejar la copa sobre el mostrador y disponerse a abandonar el local –Bueno, espero que encuentres lo que busques.
-Ya lo he encontrado - responde pasiva
-Estupendo. Adiós
-Quiero invitarte yo a una copa -musita con cierta dulzura –En mi casa… Aquí no lo podría pagar
-No te preocupes.
-No me preocupo. Te aclaro, no soy puta, tan solo una chica mona que no le gusta cuanto le rodea ni acepta cuanto le suelen ofrecer aunque, en este momento te lo ofrezco yo precisamente porque tú no has intentado ligarme por la copa
Luis sonríe como si la entendiera. Suspira y luego responde –De acuerdo, acepto-
-Bien pues vámonos. Vivo en la esquina en una especie de apartamento que paga mi padre con la esperanza de que estudie y sea una fiel mutación del mismo.
     
         Los dos jóvenes salieron del local para ir hacia lo desconocido, aún que ambos pueden conocerlo desde el silencio. Llegaron al apartamento destartalado de la joven agraciada físicamente, distante y un tanto extraña pero, en cierto modo distinta, dueña de si misma e insatisfecha.
El apartamento solo era un pequeño cuadrado con cuatro muebles. A un lado la cocina de hornillo sobre una mesa de madera, un escritorio y un sofá cama. Una librería abarrotada de libros, posters de todo tipo pegados sobre las paredes y montones de papeles por todas partes. Parece el nido de algún, ave desconocida tipo kuko dedicado exclusivamente al uso por el uso, sin más.
-Siéntate –invita ella señalando el sofá luego se va hacia la zona del hornillo y, debajo de la mesa saca dos tazas y una botella de vodka que deposita sobre la mesilla pequeña frente al sofá. Sirve en ambas tazas, coge una y se la da a Luis, sin hielo, y coge la otra –Por el momento-
Beben ambos, ella hasta el final de un trago, Luis un sorbo y con cierta desgana deja la taza sobre la mesa como si su único interés fuese la cara angelical de la muchacha.
-¿A que te dedicas realmente? –pregunta el
-¡Que más da! –responde ella en tono bajo –No nos hagamos preguntas personales para no tener que mentir. Se trata de lo que se trata ¿no? Sin más.
-Bueno, como tú quieras.
-¿No lo bebes? – pregunta ella mirando la taza de él sobre la mesa.
-Prefiero beberte a ti.
-Bien pues empieza a tu manera a ver y… bébeme –Susurra ella mientras comienza a despojarse de sus ropas tirándolas a un lado sobre el suelo dejando su cuerpo desnudo y perfecto reflejado en los ojos de Luis que acarició en silencio como un manjar de algún Dios desconocido.
Aparte ella le aparta y tira por debajo del sofá hasta extenderlo para que se haga cama luego con calma ayuda al chico a despojarse de sus ropas.
El silencio lo cubre todo. Los dos jóvenes se aman sobre aquella cama grisácea pero llena del todo preciso, pero que el placer se apodera del ambiente. Mas tarde la serenidad se hace realidad y ambos suspiran semi abrazados allí presos aún de la satisfacción
-Eres maravilloso –musitó ella
-Y tu también. Podríamos vernos a menudo
-Más bien no -responde tajante aunque delicada- No lo estropeamos
-¿Por qué habríamos de estropearlo?
-Siempre ocurre así –razona ella –En este preciso instante todo está bien.
Si volvemos a vernos alguno necesitará dominar de alguna manera y, la magia comienza a desaparecer… Es mejor así, créeme.
-No te entiendo.
-Por eso está muy bien. En cuanto nos conociéramos más ya no sería igual. Fíjate en el mundo animal. El interés sexual es importantísimo cuando les guía el instinto sin conocerse. Simplemente viven la fuerza mágica del momento, sin más. En el mundo de los humanos todo es artificial, calculado desde lo desagradable. Todo acaba siendo autentica chorizada… una mierda
-No tiene porque ser así –responde él en desacuerdo –Das la imagen de la amargada, de la mujer desesperada.
-¡Tan solo marcada! –exclama tajante –Marcada por cuanto me rodea. ¡Una puta dictadura! en un país de chapuzas, de chorizos y… de una familia que pretende coartar mi libertad… Un día me iré y no volveré jamás.
-Puede que el mundo no sea como tú crees.
-Este no lo es, desde luego.
-Bueno no te tortures –Susurra el decidido mientras la acaricia – vivamos el momento y…
-Ya lo hemos vivido españolito criado en Francia – interrumpe con cierta delicadeza – ha estado muy bien, dejémoslo tal cual. No quiero ser grosera pero ahora sería mucho mejor que te fueras
-¡Ahora ¡ exclama él en desacuerdo.
-Si, ahora –responde tajante –Me ducharé y me pondré a estudiar. No lo estropees y… por favor no vuelvas por aquí porque no estaré ¿me entiendes?
-No, no te entiendo pero no importa –Balbuceo mientras se incorpora y comienza a vestirse –Ten cuidado con quien traes aquí y lo que haces puede que no todo el mundo reaccione como yo –agrega con cierta nobleza.
-Aquí mando yo –interviene –pero en cualquier lugar donde yo este, también doy lo que quiero de lo que tengo y, nadie puede exigir más. Tampoco pido yo.
Luis sonríe pacíficamente –lo dicho ten cuidado – y se va hacia la puerta dejándola a ella sobre la cama. Abre la puerta mira hacia atrás, la mira un instante y se va cerrando tras de si.

   

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