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El mundo secretos de las lágrimas

 

Capitulo VII

La noche era ciega, oscura, palpitaba de frío contra el cristal de las tímidas farolas. Lloviznaba sobre el asfalto como las lágrimas lo hacen sobre los recuerdos dolorosos.
Luis maquinaba las formas para apoderarse de un SEAT 1.430. Saltó por fin el pestillo, introdujo el brazo hasta alcanzar con los dedos el seguro de la puerta, lo levantó y la abrió. Se agachó bajo el volante, arrancó los cables y se dispuso a realizar el puente. El silencio lo llenaba todo, sobre su propia ansiedad salpicaba de vez en cuando el ambiente silencioso.
Rafael B.C le alumbraba con una pequeña linterna, cuando este vio que los dedos de Luis temblaban levemente- ¿Qué te pasa por que tiemblas?
-¡No tiemblo, cojones! –Respondió ofendido –No me vuelvas a decir eso y, cuida de ti-
-Tranquilo, tranquilo. No pasa nada –Quiso Rafael restaurar el estado nervioso
-¡Estoy muy tranquilo, hostia! –Exclamó sin dejar de trabajar. Juntó los cables y rompió el bloqueo del volante -¡Venga, sube ya!-
-Vamos a por la palanqueta –dijo Rafael

                                                                 Las calles aparecían casi desiertas. Llovía alegremente y el frío se mantenía a raya.
El objetivo era una joyería adosada al cuartel de la guardia civil.
Rafael, frío como el hielo observaba a Luis de reojo, tal vez presintiendo que se podría desmoronar ya que sospechaba que no era tan frío como él.
Aparcó el vehículo a unos treinta metros, al final de la calle. Rafael explicó que había que esperar el relevo de los guardias.
Una pareja entraba en escena para el relevo. A pesar de la oscuridad destacaban las capas que ondulaban con el suave viento y los tricornios parecían perfilar la foto percibida por lo ojos de quienes esperaban atentos cada movimiento y acontecimiento.
Entraron los guardias en el cuartel y ellos esperaban a que saliera la otra pareja. Mientras se alejaban sus tricornios brillaban con la luz de las farolas. Aquellos mosquetones colgados al hombro imponían, marcaban el pensamiento.
Nada más que doblaron la esquina puso el motor en marcha pensando, calculando aparcar frente a la joyería sin parar el motor. Si no se hace ruido suficiente los guardias civiles no saldrían de su recinto. En realidad, lo que imponía era el hecho de que estaban allí, al lado. Pero al mismo tiempo lejos, si no hacen ruido.
Cogió Luis la palanqueta la colocó debajo del cierre y tras presionar con cuidado aunque con firmeza, la persiana cedió.
Abrieron la puerta con el mismo método, entraron dejando atrás el sentido del cuidado y en unos diez minutos habían desvalijado la joyería para salir del lugar sin problema alguno.

                                          Luis quería demostrar a su compañero que era capaz de realizar alguna hazaña sólo, le comentó a Rafael que iba a conseguir un coche fabuloso, lo que este último se quedó sorprendido al tiempo que ilusionado por la idea que terminaba de relatarle su colega. Los padres de Luis tenían en propiedad un coche y en unos de los viajes a España tuvieron un accidente en Lérida, el coche quedó para el desguase, pero Luis era sabedor de la documentación del mismo, la cogió…
-¿Tienes que ir a Barcelona? –preguntó Luis
-Si pensaba irme.
-Nos vamos juntos, y yo prosigo el camino hacía Francia y, vuelvo con un coche deportivo –agregó Luis ilusionado
-Estupendo, así tendremos un coche para desplazarnos a nuestro aire –respondió Rafael
Llegaron juntos con el tren a Barcelona, Luis prosiguió el trayecto hacía Francia, hasta llegar a la ciudad de Pamiers donde residió tantos años y conocía bien los lugares para comprar todo lo que necesitaba. Se dirigió a una agencia de seguros, para asegurar el coche, luego se fue a una tienda donde pidió las placas de matricula, compró un juego de destornilladores y unas cuantas herramientas más, lo colocó todo en su maleta se encaminó nuevamente hacía la estación del tren y pidió un billete para Toulouse una ciudad bastante más importante.
Al llegar depositó su equipaje en unas taquillas y se fue paseando en busca del deportivo, tuvo que andar bastante hasta llegar en la puerta de un cine donde estaba aparcado uno de color blanco, Luis tenía prisa en robarlo y marcharse, había gente, pero él se apoyó contra la puerta del mismo observó a la gente que había por los alrededores y, con disimulo introdujo un destornillador en la cerradura del Pahnard, su sistema de cierre era muy vulnerable, abrió la puerta con mucha facilidad, una vez dentro forzó la llave de encendido, se dio unas vueltas con él y apreció que el motor daba tirones, eso no le gustó a Luis que empezó a dar vueltas con el mismo hasta encontrar otro de color azul, aparcó el que llevaba y se apoderó del nuevo, se dirigió a la estación donde paró el coche y lo inspeccionó, en el lateral derecho tenía un golpe, lo que no le gustó y, nuevamente se subió en él lo puso en marcha y volvió a callejear Toulouse hasta que encontró uno de color rojo intenso, volvió a estacionar al lado, se bajó, esta vez sin prisa se dispuso a dar la vuelta al nuevo Pahnard inspeccionándolo visualmente, estaba nuevo como recién salido de fábrica.
A toda prisa se fue a recoger la maleta, y inició el camino hacía las afueras de Toulouse, se introdujo en un camino de tierra que daba al campo, paró el motor, abrió la maleta, sacó las placas de matrícula y las cambió, tirando las que terminaba de quitar, toda la demás documentación estaba en regla. El flamante deportivo se había convertido en suyo.
Emprendió la carretera hacía España a todo gas…

 

                                                      ……………………………

Habían perpetuado el oficio, asumido la “carrera” que les daba cuanto querían, o casi. La economía de luis comenzaba a ser muy buena y su ánimo estaba por encima de su propia altura.
El Tarta regresó e hicieron varios trabajos juntos pero éste y Rafael discutían de forma constante –Tu no puedes robar si primero no te entumeces con varias copas, y eso tiene mucho peligro, tío –recriminaba Rafael.
-No me verás tuu, ton, tonto –gritaba, el tarta –tu ti, ti, tienes tu me, me, método y yo el mi, mi, mió. Eso es todo.
Luis se desternillaba con la forma de hablar del Tarta y no pensaba en el peligro que veía Rafael con la cantidad de fino La Ina que el tartamudo tenía que tomar antes de cualquier robo.
El Tarta era muy dado a contar chistes y cuando Luis entraba en crisis de risa que tenía que explicar inventándose cualquier historia para que el otro no se mosqueara sabiendo que la risa era provocada siempre por su tartamudez. En cierto modo, el Tarta, era una válvula de escape para los nervios del joven que los expulsaba riéndose.
-Iba un ni, ni, niño cogido de la ma, ma, mano de su madre -contaba el Tarta- pa, pa, paseando por el ba, ba, bario chino. El ni, ni, ño no entendía que hu, hu, hu, hubiera ta, ta, ta, tanta mujer por allí. Ma, ma, ma, mama, preguntó el ni, ni, ni, niño. ¿Qué ha, ha, hacen tantas mujeres a, a, aquí? ¡Son putas!, nene- respondió la madre. Y el niño con, con, con dudas preguntó: Y sus hijos que hacen, los, los, los mandan al cole. No hijo, cuando sean ma, ma, ma, mayores los mandan al cuerpo de prisiones, pa, pa, pa, para que sean carceleros, y callate ya hi, hi, hijo.

                                                      ………………………………..

El Tarta y Rafael se criticaban de forma constante. Eran como dos putas disputándose un cliente o, dos niños que necesitaban pero que no se soportaban. Luis parecía sentenciado a intervenir para quitar leña al fuego.

                                                                                                        Habían robado un coche. Ambos discutían respecto al lugar donde llevar a cabo el próximo robo.
-Mejor en Alicante –sugirió Rafael.
-Ya lo hemos to, to, todo echo mu, mu, mucho –contradecía el tarta.
-¡Que va, hombre! –Exclamó Rafael -¿Te acuerdas de aquel parador repleto de jamones colgados del techo?
-¿Te refieres a la ve, ve, venta del p, p, p, pla?
-Si, esa. Pues ya está decidido. Llenaremos el coche de jamones. Yo se muy bien donde venderlos a un buen precio.

                                                                           Era muy tarde, sobre las tres de la mañana. Aparcó Luis frente a la puerta mientras la noche dormía placenteramente  mientras el Tarta y Rafael forzaban una ventana por donde entró uno de ellos, y luego este abrió la puerta de entrada por dentro.
Luis se quedó en el coche y ellos entraron. Dentro discutían culpándose uno al otro del ruido que había ocasionado cada cual mientras Luis les oía desde el interior del coche mordiéndose el labio inferior –Esto es una chapuza. Con estos dos cualquier día nos cogen – criticaba Luis.
Al rato aparece el Tarta con dos jamones -¿Dónde en el maletero?
-si
-Es, es, es este tío es ton, ton, tonto criticaba el Tarta de vuelta al local.
Luis salió dispuesto a ayudar, y al mismo tiempo impedir que siguieran discutiendo temeroso de que los vecinos se percataran. Llenaron el coche de jamones hasta el punto de que tenían que sentarse sobre ellos. Forzaron las máquinas para llevarse el dinero, y se apoderaron de las botellas de alcohol caras y rápidamente salieron para Elche donde planeaban venderlo todo.

                                                  …………………………………

La maestría parecía ya sublime. Esta vez le toca robar una furgoneta amplia capaz de transportar cuanto había, o lo más exquisito de una tienda de electrodomésticos. Todo tenía que estar bien pensado, medido y controlado, la operación debía de durar poco tiempo y, en esa escala de tiempo la furgoneta debía de llenarse.
Rafael B.C rompió el cristal de la Luna del establecimiento, con rapidez entró y comenzó a pasar el material que Luis metía en la furgoneta.
Había que controlar las andaduras del sereno. Antes de aparcar la furgoneta frente a la luna rota sabían que el sereno caminaba calles arriba. El tiempo apremiaba. La ventaja, en el peor de los casos, es que el sereno no lleva armas, tan sólo un palo que en todo caso, entre los dos, se apoderarían de él, aunque lo deseable sería siempre que no hubiera jamás ojos cercanos más que los de ellos.
Pero la “mala suerte” va de por libre, Luis vio como la sombra del sereno se reflejaba en la fachada de en frente antes de doblar la esquina. Inmediatamente avisó a Rafael que se quedó parado y en silencio, y Luis se colocó a un lado de la furgoneta atento.
El sereno avanzaba en dirección a la tienda paso a paso. Cuando percibió la ruptura en el escaparate se quedó petrificado, sin saber que hacer. Luis sigilosamente con un destornillador en la mano de deslizaba intentando llegar a su lado e impedir que tocara los timbres de las viviendas para pedir ayuda.
El sereno no tenía muy claro que hacer y, aprovechando el efecto del miedo Luis saltó tras él y colocándole el destornillador sobre la espalda a la altura del corazón le susurró -¡quieto o te clavo el puñal y te atravieso el corazón!—No me mates por favor –reclamó temeroso el vigilante –Haré lo que me pidáis –
-Bien-musitó Luis –mete todo eso en la furgoneta y, el sereno temeroso obedeció ayudado por Rafael y, cuando hubo cargado Luis vuelve a él para decirle –Si llamas antes que hayamos doblado la esquina cualquier noche aparecerás muerto en la calle –Advirtió sintiendo que al menos, el sereno, no reaccionaría y ellos saldrían victoriosos.
Subieron a la furgoneta y con rapidez salieron para desaparecer de inmediato. El sereno al momento se acercó al portal y apretó todos los timbres -¡Acaban de desvalijar la tienda…Llamen a la policía! –contaba el sereno.

                                                 …………………………………..

Rafael le halagaba en exceso. De alguna forma aquello Luis sentía, sin poder analizarlo en profundidad que, aquella formula de Rafael “le comía el coco” como el sentía. Que le llevaba al huerto que, posiblemente psicológicamente le dominaba. El ego personal del joven crecía alimentado por las alabanzas de Rafael.
-Tenemos que conseguir armas –sugirió crecido Luis –Bancos, esto es lo que tenemos que hacer.
-No, Luis. Armas no. Si nos cogen con armas la condena sería más alta –razonaba Rafael que no quería exageraciones para los atracos.
-Rafael ya había cumplido veinte años de condena y no fue precisamente por tener armas, sino por acostarse con la mujer de un hombre importante, y que aquel, para vengarse le colocó una trampa en la que el pardillo había caído.
-Mira –razonaba Rafael –Para robar joyerías, tabacaleras y tiendas no se necesitan armas.
-Está bien Rafael –asintió Luis –Yo necesito hacer algo más y, lo necesito hacer por mi cuenta. Solo ¿Te enteras?
-¡Estas chalao! –Exclamo -¡Tu sin mi…!.
-Ya lo veremos –respondió Luis pensativo. De alguna forma la necesidad por hacer el algo dirigido y ejecutado por el mismo le dominaba. Era como una obsesión.

 

                                                                                                            Una noche en la cafetería de su tía surgió la conversación sobre abrigos de piel -¿Te gustan las prendas de piel? –dijo Luis
-Si claro –respondió ella mientras Santi escuchaba.
-Pues para ello, solo hay que ir a cogerlo –musito Luis con seriedad.
-¿Qué quieres decir? – Preguntó Santi
Luis les habla de un plan sabroso que escucharon con atención. Parecía que los dientes se les ponían largos y Luis se crecía. Hasta tal punto que el contagio se dejaba ver
-En las Galerías Londres hay unos abrigos de visón fantásticos –exclamó la tía
-Pues solo hay que ir a por ellos –respondió Luis animado.
La charla se multiplicaba como lo hacían las ideas y las ganas de hacer realidad todos los sueños. Ellas estaban al tanto de los muchos robos que el sobrino había llevado a cabo, con éxito. Así que accedieron

                                                                            Al cerrar el establecimiento, después de haber tomado unas cuantas copas y de haber entonado el cerebro se encaminaron a las Galerías Londres en el mismísimo centro de Valencia, aparcó el deportivo cerca de la puerta de acceso. Colocó a Santi frente a la entrada, y Luis comenzó a besarla disimulando mientras pasaba el camión de la basura.
Cuando el camión funcionaba recogiendo la basura a poca distancia, aprovechó el ruido del mismo, colocó la palanca que escondían entre los dos cuerpos y presionando reventó la cristalera. Rápidamente la tía y Luis entraron.
Afortunadamente en aquellos años todo era más fácil. Los cierres y las puertas, no eran tan sofisticados como la realidad delictiva obligaría a que fuesen más tarde.
Santi, vigilaba a la entrada, mientras tía y sobrino se apoderaban de las prendas más caras. Llenaron todo el maletero y el interior del vehículo…

                                              …………………………………….

Rafael B.C era murciano, lo que decidieron Pasar a ver unos familiares del mismo, luego se trasladaron a Lorca con la intención de conseguir alguna joyería interesante.
En el maletero del deportivo iba una palanqueta, y unas llaves maestras que habían conseguido en el campo de la bota de Barcelona. En la guantera llevaban una pistola de fogueo.
Al llegar a Lorca Luis estacionó el vehículo, su compañero se introdujo las ganzúas en el bolsillo de la gabardina que llevaba puesta, y se dirigieron en busca de algún establecimiento interesante.
Al llegar a la altura de una relojería aparentemente importante Rafael se quedó mirando con cierto descaro que preocupó a Luis que se encontraba a una distancia prudencial de su compinche, y se estaba percatando de unos individuos que parecían observarle con atención. Rafael fue al encuentro de Luis y éste le advirtió:
-Cuidado ché –Aquellos tres de la manera en que te miraban, tienen toda la pinta de ser de la secreta-
-¡Y qué! –Exclamó Rafa semi ofendido –Nada estamos haciendo
Siguieron andando aunque atentos fingiendo ser visitantes e interesados, por el entorno para dirigirse al coche por si acaso ya que parecía que aquellos les seguían.
-Nos siguen –musitó Luis con disimulo.
-¡Pero que más da, hombre! No hemos hecho nada –insistió Rafael
-Creo que deberíamos seguir y no subir al coche por si acaso… -añadió Luis desconfiando.
Rafa hizo caso omiso y fue directamente al deportivo, entraron en el mismo y una vez dentro los tres individuos se colocaron frente al coche, luego uno de ellos se acercó a la ventanilla para identificarse como policía. Pidieron la documentación y tras verla – Acompáñennos a la comisaría-
-¿Por qué? –preguntó Luis fingiendo estar ofendido pero los policías no respondieron.
Llegaron a las dependencias policiales…
-¡Vaya elemento! –Exclamó el policía con los antecedentes de Rafael en la mano.
Cuando le cachearon le encontraron las llaves para abrir las persianas y las puertas.
-¿Y esto? –Preguntó el policía
-¡¡Que se yo!! –Exclamó con asco y rabia Rafael lo cual garantizó la reacción policial propinándole un par de puñetazos –De listillo conmigo no ¿he? –exclamó el policía con frialdad.
Luis procuraba mantenerse al margen interpretando cierto papel: Diría, que no lo conocía, que lo había recogido cuando hacía autostop pero, cuando cachearon el automóvil y, encontraron la pistola en la guantera, pensó que lo más conveniente sería decir que era suya, que la compró en Francia para regalársela a su hermano menor, ya que en dicho país estaban a la venta libremente, los policías parecían estar bastante convencidos. Comprobaron que el coche no era robado y que la documentación estaba en regla, sus padres tenían un bar y, el joven Luis no tenía antecedentes penales…
-¿Y esta palanqueta que estaba en el coche? –preguntó otro policía con sarcasmo. Luis respondió lo primero que se le paso por la cabeza, que no era suya, que no lo sabía provocando una maliciosa sonrisa en los labios del policía.
-Tampoco es mía –espetó Rafael semi asustado sorprendiendo a Luis
-Ya –dijo con calculadora intención el comisario –A lo mejor se escondió bajo la gabardina cuando fue recogido en la carretera despistando a ambos pero, Rafael insistió jurando que no era suya, temiéndose lo peor el comisario ordenó el ingreso en los calabozos, indagaron los delito que se habían cometido por la zona.
-Es un marujón mariquita –pensaba Luis mirando a Rafael. Aquella actitud del hombre amedrentado y cobarde le había desilusionado demasiado.
El asunto no estaba nada claro lo que el comisario dijo: -Que decida el juez sobre el joven-
El juez decretó la prisión provisional para ambos.

                                                                                        Durante cuatro días permanecieron en la prisión de Lorca. Los camastros eran colchones de crin mugrientos y malolientes.
Les pusieron 25.000 pts de fianza que habrían de pagar si querían salir. Luis mandó un telegrama a su madre y esta al día siguiente pasó a pagar la fianza. A pesar de todo prometió a Rafael que volvería a pagar su fianza. Para ello cumpliendo con las leyes inalterables de los delincuentes que no dejan al compañero tirado, llevó a su tía y a Santi para que lo hicieran ya que se suponía que ellos no eran amigos por aquello de los seguimientos policiales. Pero una vez pagada cuando salieron y se encontraron en el coche, la policía apareció de nuevo -¿Con que no os conocíais? ¿he? Y los llevaron de nuevo a la comisaría, interrogaron a ellos y ellas, al fin, les ordenaron de proseguir el camino.
-Acércame un momento a la cárcel, quiero dejarle un poco de dinero a un francés que entró después de salir tú en libertad –pidió Rafael
-¡Vamos allá! – se limito en contestar Luis

   

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