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El mundo secretos de las lágrimas

 

Prólogo realizado por Rafael Pla López

Me he cruzado varias veces en la vida de Luis García Tamarit, la primera de ellas durante mi estancia como preso político en la cárcel modelo de València, y muchos años después testificando en su juicio tras su encarcelamiento después de haber pasado varios años huido. En dicho juicio pude aportar mi testimonio valorativo en base a mi conocimiento de Luis durante el tiempo que convivimos en la cárcel.

Ahora, tras leer su biografía escrita, en base a sus vivencias por Roberto Ibiricu Coto, salta a la luz la oscilación pendular entre los períodos que Luis ha pasado en la cárcel y los que ha pasado fuera de ella, en buena parte como prófugo.

El Luis que yo conocí, el compañero en la cárcel modelo de València, destacaba por su comportamiento noble y solidario. Fuera de la cárcel, se ha encontrado reiteradamente sumergido en actividades habitualmente descritas como "antisociales".

Luis puede ser por ello un paradigma del fracaso, o incluso del fraude, del sistema penitenciario español, frente al apartado 2 del artículo 25 de la vigente Constitución Española que establece que "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social". Pero con la excepción de algún centro de reeducación de menores, el sistema penitenciario español está muy lejos de cumplir tal función reeducativa.

Lo paradójico es que la "socialización" que efectivamente tiene lugar en las cárceles, con el establecimiento de lazos de solidaridad entre los presos y su sujeción a reglas de conducta derivadas de los mismos, se produce precisamente en confrontación con el gobierno de dichas cárceles, y se expresa frecuentemente en actitudes de rebeldía. Dicha rebeldía ha sido precisamente una constante en la vida penitenciaria de Luis, enmarcada en una fuerte convicción de la injusticia social en la que se insertan las cárceles. Ello generaba, bajo el franquismo, una notable sintonía con los presos políticos con los que convivía, con quienes desarrollaba igualmente lazos de amistad.

Como puede suponerse, la diferente naturaleza de las actividades que nos habían llevado a la cárcel nos llevaba a reiterados debates en las largas conversaciones que manteníamos en el patio, contraponiendo la acción colectiva y la acción individual frente a un sistema capitalista en cuyo carácter injusto coincidíamos. Luis argüía que él sólo robaba a los ricos y nunca a los pobres, y ciertamente los objetivos de sus atracos (joyerías, bancos, grandes superficies...) se correspondían con ello. Recuerdo el desprecio con el que nos hablaba de los "chorizos" que robaban su salario a los trabajadores el día de cobro, así como una anécdota que nos contó y que no aparece en el libro: paseando con unos niñatos, éstos querían robar un utilitario modesto, como un Seat 600, típico de la clase obrera, y Luis les llevó a un coche lujoso, lo abrió y les invitó a cogerlo. Con todo, le argumentábamos que lo que había que hacer era una revolución socialista expropiando a los capitalistas para un beneficio colectivo, no "expropiarlos" para un lucro individual conducente además a imitar su estilo de vida.

La vida de Luis que relata el libro revela, por otra parte, la ingenuidad  de creer que el paso del franquismo a una democracia política había generado ya las condiciones para una reinserción social, tal como se expresaba en el escrito de la Generalitat Valenciana y en mi propia carta al Defensor del Pueblo, y correspondería al texto de la Constitución antes citado. Por el contrario, las incidencias de la vida de Luis en el actual régimen democrático muestran cómo el sistema capitalista continuaba siendo generador de delincuencia y marginación social.

Ojala la lectura de este libro incremente la conciencia de la necesidad de cambiar las cosas e ir a una sociedad en la que la injusticia sea la excepción y no la regla, y en la que Luis pueda vivir legalmente y en libertad el resto de su vida, siendo resarcido en su caso por lo que prevé el artículo 121 de la misma Constitución ante los daños causados por error judicial.

 

                                                                Rafael Pla López
Departamento de Matemática Aplicada de la Universidad de Valencia.

   

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